Además de los Cóndor de Plata concedidos anteanoche a «Historias mínimas», de Carlos Sorín, que obtuvo 8 de los 13 premios a los que aspiraba (como informó este diario en su edición de ayer), hubo otros momentos auténticamente emocionantes en la ceremonia organizada por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina en el cine Km. 0 (ex Gaumont), que televisó en directo «Canal 7»).
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Las distinciones especiales a Pepe Soriano, Amelia Bence, Duilio Marzio, Susana Freire, Elsa Daniel y María Vaner, así como al distribuidor Vicente Vigo, el vestuarista Horace Lannes y el Cine Club Santa Fe por haber llegado a los 50 años de existencia fueron momentos muy altos en el acto, al igual que el aplauso cálido y emotivo que recibió el crítico Salvador Sammaritano, que continúa restableciéndose de un problema de salud, cuando entregó una estatuilla.
La organización católica Signis premió, por su parte, a los largometrajes «Herencia», de Paula Hernández y «Un Oso rojo», de Adrián Caetano.
Desde luego, cada fiesta tiene su disonancia: si bien es habitual que a la gente de cine le guste mostrarse «casual», la vestimenta elegida por una buena parte de los invitados daba lástima: jean raídos, remeras gastadas, zapatillas. Hasta se dio el caso de un ganador que fue a recibir el Cóndor mascando chicle. (¿Será por eso que Cronistas no incluye el rubro «Vestuario» entre sus premios?). Los esfuerzos para que esta ceremonia tenga una estética bella, evidentes año tras año en los efectos visuales, parece que a nadie le importan. Eso sí: cuando a alguna de estas mismas personas les toca ir a Cannes o a Venecia, no dudan un segundo en alquilarse el smoking. Es lo mismo que cuando se maneja en el exterior respetando las señales o no ensuciando las calles.
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