20 de abril 2000 - 00:00

"UNA HISTORIA SENCILLA"

E n 1994, un anciano de Iowa decidió subirse a su tractor cortador de césped (un vehículo que desarrolla casi la misma velocidad que una persona caminando) para viajar los miles de kilómetros que lo separaban de la casa de su hermano, en el estado de Wisconsin. Los hermanos septuagenarios no se hablaban desde hacía más de una década, y dados la edad y los achaques de ambos, el tiempo para un último encuentro se estaba acabando.
Este curioso viaje en tractor no parecería el tema más adecuado para una película. Y mucho menos para una película de David Lynch, el oscuro, hermético y, por lo general, totalmente delirante director de los films «Terciopelo azul», «Corazón salvaje», «Carretera perdida» y la serie de TV de culto «Twin Peaks».
Sin sus resortes habituales, como por ejemplo seres deformes, cambios de identidad, visiones alucinatorias, psicópatas degenerados y pasiones enfermas de todo tipo y calibre, casi ni se podía concebir una película de Lynch.
Sin embargo la nueva excentricidad, del más excéntrico de los directores modernos, fue hacer una película totalmente distinta a lo que se espera de su obra. Es la primera que realiza por encargo y a partir de un guión ajeno. De encargo relativo porque, la coguionista y productora, Mary Sweeny, es también su pareja, y quien leyó en «The New York Times» la historia real en la que se basó el film. «Una historia sencilla» es una singular road movie de la tercera edad, un viaje exterior e interior y un apólogo sobre la fraternidad, donde Lynch apunta a la emoción y logra conmover. Para su cambio de estilo Lynch recurrió a varios de sus colaboradores de siempre, incluyendo al músico Angelo Badalamenti, al director de arte Jack Fisk (el esposo de la coprotagonista Sissy
Spacek, excelente como siempre) y al venerable director de fotografía inglés Freddie Francis. El resultado es un film único, que por momentos remite a las películas de John Ford, en el que Lynch logra potenciar a su máxima expresión la historia simple que dio lugar al exacto guión de Mary Seewney. La estupenda performance de Richard
Farnsworth (nominado al Oscar) es uno de los puntos fuertes de esta película que rehúye la retó-rica y busca transmitir sinceridad y llena de detalles deliciosos e imágenes que quedan en la mente mucho tiempo después de terminada la proyección.

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