El ambiente de la flamante y lujosa Esquina de Carlos Gardel, donde habitualmente se escucha tango, poco tiene que ver con el país real e, inclusive, con la zona que la rodea.
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En pleno Abasto, en una esquina que supo caminar Gardel, donde ahora se mezclan casas tomadas con hoteles de muchas estrellas, un hipermercado y un shopping, un público numeroso se da cita para participar de una cena-show a razón de 100 pesos por persona.
Pero si el entorno parece no coincidir con lo que sucede adentro del salón, sí hay perfecta concordancia con los artistas que en este caso son los protagonistas centrales. Alton Glenn Miller fundó su orquesta en 1938 y la dirigió hasta su muerte en un accidente aéreo, en 1944. En el ínterin, se transformó en la Glenn Miller Air Force Band y sirvió para animar veladas de baile durante la Segunda Guerra Mundial; y de esa época viene la costumbre de vestirse con ropa militar. Desaparecido el director, en 1956 la orquesta volvió a formarse. Con los mismos temas y los mismos arreglos heredados del líder salieron a recorrer el mundo y así llegaron también varias veces a nuestro país.
Después de tantos años transcurridos, no vale la pena describir itinerarios recorridos, ni de grabaciones editadas, ni de cantidad de temas tocados en todas partes. Aunque es obvio que aquel estilo que tuvo mucho sentido durante la guerra hoy suena casi exclusivamente como un volver a vivir. No hay mayores pretensiones armónicas, con una estructura básica de tipo coral. El acento está puesto en las hermosas melodías, en el ritmo suave que estimula al baile y en la fuerza que dan las eficientes secciones de metales y maderas.
Sin más, la Glenn Miller Orchestra repitió lo conocido, con temas emblemáticos como «Moonlight Serenade», «Stardust», «Mack the Knife», «Begin the Beguine», «String of Pearls», «St. Louis Blues March», «Chatanooga Choo Choo», «In the Mood», etc. Con un profesionalismo que abarca a músicos y cantantes, con un vestuario que huele a naftalina -y hasta a anacronismo cuando aparecen en la segunda parte con ropa militar-, le dieron al público lo que fue a buscar. Hubo entonces evocación de tiempos idos, un poco de baile mejilla a mejilla y la sensación de haber estado, por unas horas, en medio de una burbuja de puro glamour.
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