28 de mayo 2004 - 00:00

Una nueva "madre coraje" alemana ahora hace comedia

El director Wolfgang Becker durante el rodaje de Good Bye, Lenin. Una comedia en la que los hijos de una comunista convencida le hacen creer, al salir de una larga enfermedad, que el Muro no cayó.
El director Wolfgang Becker durante el rodaje de "Good Bye, Lenin". Una comedia en la que los hijos de una comunista convencida le hacen creer, al salir de una larga enfermedad, que el Muro no cayó.
Berlín - La comedia «Good Bye Lenin» fue una de las grandes favoritas del público alemán el año pasado, y a principios de éste estuvo muy cerca del Oscar (le jugó en contra el hecho de que, en 2003, Hollywood hubiese premiado otro film de esta procedencia, «En un lugar de Africa»).

Su hipótesis es farsesca aunque su desarrollo lo es menos: una mujer de Alemania Oriental, firme partidaria del régimen comunista, sufre un ataque que la deja en coma durante varios meses. En ese tiempo cae el Muro de Berlín. Al despertar, los médicos le aconsejan a sus hijos que ella no puede recibir emociones fuertes, de modo tal que ellos montarán una impostura: hacerle creer que todo sigue como antes. El film se estrenará en Buenos Aires la semana próxima, y Ambito Financiero hará una avant-première para sus suscriptores el próximo martes. El director del film, Wolfgang Becker, dialogó con nosotros en Berlín:

Periodista: ¿Qué fue lo que más prevaleció en usted? ¿La intención de hacer una sátira política o la de desarrollar una historia familiar?

Wolfgang Becker: Diría que lo segundo. Lo que me fascinó es la historia del hijo con esa mentira sobre la República Democrática Alemana, que ya no existe, que un hijo mantenga esa mentira para salvar la vida de su madre o al menos para protegerla de la muerte. Es algo muy universal que un hijo, por amor a la madre, construya una mentira de este tipo, y podría suceder independientemente de ese pasado, de toda esa historia de la RDA, la caída del Muro y la reunificación. Podría suceder en cualquier lugar. Combinar ambas cosas, es decir, poder contar algo de una parte importante de la historia alemana, o al menos poder tenerla de fondo, es lo que me fascinó.


P.:
¿Y siente que eso lo reflejael film?

W.B.: Creo que sí. Quería como condición básica que un hijo realice todo ese esfuerzo por su madre, no quería que eso apareciera como una afirmación lisa y llana. Tenía que estar fundamentado en la realidad, es decir que uno tenía que creerle a Daniel Brühl como personaje, es decir a Alex, que haga lo que hace, sin cuestionar demasiado. No hay un segundo en el que yo dude de él, por qué hace lo que hace por su madre y justo en un momento en el que él podría dirigirse hacia el futuro -acaba de enamorarse, tiene todas las posibilidades a su disposición, todo cambia, es un verano de modificaciones-, va en la dirección opuesta, y vuelve a reconstruir todo aquello que los demás dejan atrás. Eso es lo bello de este material.


P.:
¿Le molesta que sólo se la interprete como una farsa sobre las dos Alemanias?

W.B.: No se trata de eso. Se cuenta una parte de la historia alemana, pero no está en primer plano. Para mucha gente la película trata sobre la reunificación alemana y no es así, la reunificación no está necesariamente en un primer plano.


P.:
Usted no vivió las penurias de la Alemania Oriental, ¿se asesoró con gente que sí padeció la vida en el Este?

W.B.: Yo crecí en Alemania Occidental, hace mucho que estoy en Berlín, conocía Alemania Oriental y también Berlín Oriental, pero lo que significa haber crecido ahí, haber pasado la infancia, la juventud, haber presenciado desde ese lugar la caída del Muro, la sensación de, finalmente, tener una libertad en el sentido de libertad de circulación o de libertades civiles. Bueno, todo eso yo no lo viví de la misma manera que ellos. Así que nos encontramos con gente que en la época de la caída del Muro tenía unos 20 años y le pedimos que nos contaran sus vivencias, de cómo fueron las cosas para ellos. Hubo biografías totalmente distintas, en parte incluso contradictorias, aunque habían percibido las cosas de exactamente la misma manera. Esto no se incorporó al guión y tampoco a la película, ni bajo la forma de un diálogo o de una escena, pero nos ayudó mucho a la hora de escribir. A mí especialmente me dio seguridad al momento de poner en escena, de que la cosa tenía pies y cabeza.


• Actores

P.: ¿Trabajó con actores de la ex Alemania Oriental?

W.B.: Al principio quería tener a toda costa a alguien de Berlín Oriental, ni siquiera de Berlín Occidental porque en Berlín Oriental tienen una forma de hablar muy típica. Pero no encontré lo que estaba buscando. A Daniel Brühl lo había tenido durante mucho tiempo en mente, lo conocía también, pero por todo lo que había visto de él sabía que es de Renania, que irradia algo burgués, hasta que en un momento dije: «no importa de dónde sea, tenemos que ver si funciona» - yo había visto «Das weisse Rauschen» y me había gustado mucho y no pensaba que él fuera como ese psicópata que representa en esa película, sino que debía tener otra faceta totalmente distinta. Y al poco tiempo ya no cabía duda de que aporta esa calidez que hace que uno se olvide inmediatamente de por qué hace todo eso por la madre.


P.:
¿No lo tentó nunca hacer una farsa llana y pura?

W.B.: No quería que se convirtiera en algo simplemente gracioso. Sí una comedia. Considero que algo es realmente una comedia cuando los protagonistas, sobre los que nos reímos, no están para bromas, es decir, cuando no queremos estar en su lugar y estamos contentos de que esas cosas no nos estén pasando a nosotros. Una comedia tiene una base realmente seria.


P.:
Es atractiva la forma como usted emplea las imágenes de archivo.

W.B.: Lo interesante es que no filmamos una sola imagen nueva sino que utilizamos imágenes de archivo y las pusimos en otro contexto. Y ahí se puede ver cómo se pueden falsear imágenes agregándoles un breve comentario modificado, algo que hace que uno dude de si las imágenes originales estaban completas, de cuánta verdad sigue habiendo en ellas.


P.:
He oído comentarios acerca de que usted tuvo varios trastornos durante el rodaje. ¿Fue así?

W.B.:Algo de eso hubo. Esa casa de campo en la que la familia no estuvo en los últimos 10 años tenía que estar cubierta por yuyos, pero ahora no es fácil encontrar una casa de ese tipo que sea interesantedesde el punto de vista de la fotografía y que esté realmente cubierta de yuyos. Así que lo que hicimos fue ir al lugar unos dos meses antes, con unos paisajistas que plantaron yuyos, malezas traídas de otra parte y dejamos que cubrieran todo. El primer intento de filmar nos lo arruinó la lluvia, necesitábamos que fuera un día precioso de fines del verano, algo que no se puede filmar si está lloviendo, y la segunda vez, tuvimos el problema de que en la noche anterior había pasado una horda de jabalíes y había pisoteado todo lo que se había plantado, por lo que ya no estaba más. En fin, no fue lo único, todos los días pasaba algo por el estilo.


P.:
¿Cuál es su escena favoritadel film?

W.B.: Lo que me sigue emocionando es la escena en la que Ariane, la hija, cuenta en el baño que ha visto al padre, que lo ha reconocido por la voz. Se muestra al mismo tiempo la escena por medio de un flash-back. Cuando el hermano le pregunta «¿Y qué le dijiste? ella le responde «Buen provecho y muchas gracias por haber elegido Burgerking». Ella estaba trabajando allí.


P.:
¿Conoció comunistas convencidas como la madre?

W.B.: Yo no la tildaría de rígida, sino como a una mujer con un clásico síndrome de salvadora, como las hay en otros sistemas, es decir que no era algo típico de la RDA. Es simplemente una mujer a la que le da un gran placer ayudar a otras personas, o que se siente obligada a hacerlo y lo hace, y que además vive en un país sin alternativas, no puede irse a otra parte.

Dejá tu comentario

Te puede interesar