Vine: "Resistirse a la globalización es tonto"

Espectáculos

(22/01/2001)Richard Vine es jefe de redacción de la revista «Art in America» y es de quien depende la política de la publicación dedicada al arte más importante de EE.UU. La conferencia de Vine en la Bienal que organizó el Museo de Bellas Artes no tuvo la difusión que alcanzó el convocante Jean Baudrillard pero, mientras el pensador francés arremetió en contra de la globalización, el crítico norteamericano se refirió a ella como un fenómeno inexorable.

«El mercado de masas parece tener un solo cerebro, la monocultura ha triunfado porque le brinda a la gente lo que pide», señaló. Y según su criterio, lo que la gente pide es «una cama limpia y una hamburguesa». Desde su posición radical, resultaría imposible resistirse a una tendencia que se presenta como irreversible.

Vine
contó que las galerías recomiendan 19.700 artistas a su revista, que de las universidades de arte de Nueva York egresan 12.000 personas y un promedio de 6.000 llegan a ser artistas, pero que sólo tiene espacio para 400 artículos por año. Es decir, con una estadística casera, brindó una idea de lo difícil que le resulta a un artista acceder a las páginas de «Art in America», inconveniente que parece casi insalvable si pertenece a un país periférico.

Vine
no demostró mayor interés por conocer el arte argentino, dijo que el arte se parece en todas partes y vaticinó que el conceptualismo será la tendencia dominante de los próximos años. Dialogamos con él:

Periodista: Baudrillard sostenía que el arte muere si sobrepasa ciertas dimensiones que le son naturales y que, por lo tanto, el arte no es concebible como fenómeno global. Se supone que no coincide con él.


Richard Vine:
Es interesante la posición de Baudrillard, sobre todo cuando dice que el arte ha perdido su definición especial y se ha convertido en un fenómeno más, como la moda, el entretenimiento. Cualquier objeto puede ser arte sencillamente porque se lo coloca en un contexto que lo declara como arte. Es la herencia de Duchamps. Baudrillard va muy lejos cuando sostiene que los signos y los símbolos -los del arte, la publicidad, el entretenimiento-desplazaron la realidad y usurpan su lugar. Yo veo las cosas de otra manera, soy pragmático y me interesan los cambios reales. Me interesan fenómenos como el Sheraton, la experiencia real que hago de que puedo viajar 5.000 kilómetros en cualquier dirección y encontrarme con el mismo ambiente, la misma comida, las mismas imágenes. Lo que está sucediendo es la diseminación progresiva de una cultura global uniforme en detrimento de las culturas locales, que tienden a desaparecer.

P.: ¿No significa esto también un progresivo empobrecimiento de las experiencias posibles?


R.V.:
Probablemente sí. Pero es inevitable. Es concebible que en la fase intermedia en la que estamos viviendo todavía la experiencia local influya en la concepción de las obras de arte, pero esto se irá perdiendo cada vez más. Lo que inspira las obras de arte cada vez será menos la experiencia personal de los artistas y cada vez más el contexto global de las obras creadas por otros artistas. Este contexto será el mismo para un artista neoyorquino, argentino o coreano.

P.: ¿Cuál es su posición personal frente a este fenómeno? ¿Hay ánimo crítico o es, al contrario, nada más que la constatación cínica de que las cosas son así?


R.V.:
Es como todo en la vida (y se ríe), no hay una sola forma de verlo. Donde se gana también se pierde. La pérdida de lo local es evidente e irreversible. La ganancia es que el mundo se une en una forma inédita, en una sola conciencia planetaria, que podría tener implicancias muy positivas para la paz en el futuro. La verdad es también que hay que darle a la gente lo que quiere. Dejémonos de embromar: lo que todos queremos en el fondo es una cama limpia y una hamburguesa decente, ¿o no?

P.: ¿Hacia dónde va el arte en este modelo?


R.V.:
Sin ninguna duda, hacia lo conceptual. Lo que va a importar cada vez más es la idea, el signo y el símbolo y su transmisión por las redes cibernéticas. Lo que va a perder importancia, por lo tanto, es la materialidad de la obra de arte. El discurso del arte será cada vez más abstracto.

P.: ¿Desaparecerá la pintura, por ejemplo?


R.V.:
No hoy ni tampoco mañana. Pero, como tendencia, sí. Eso sí, posiblemente siempre haya pintores. Pero eso es un poco como con los caballos. A pesar de los autos y los aviones sigue habiendo gente que se dedica por gusto a la equitación, a la cría de caballos.

P.: Si observamos el escenario actual del arte conceptual, hay una gran disparidad en cuanto a la calidad de las obras, desde lo profundo, sorprendente e inesperado hasta lo francamente tonto.


R.V.:
Sí, claro. Así como siempre hubo buena y mala pintura, también hay buen y mal arte conceptual. La inter-pretación de la idea detrás de la obra es lo que les da al espectador y al crítico los criterios para juzgarla.

P.: Usted observa que la crítica en los últimos tiempos ha dejado de emitir juicios taxativos en el sentido de «bueno» y «malo». ¿Hacia dónde va la crítica?


R.V.:
La función de la crítica cambió sustancialmente desde que se abandonó el modelo lineal de las vanguardias que se sucedían una a otra. Entonces, el crítico tenía que encuadrar las obras dentro de lo que se consideraba la línea evolutiva de la historia. Ahora que coexiste pacíficamente una ilimitada variedad de tendencias, la función del crítico es elegir y presentar lo que a él le parece interesante, dejando de lado lo que no le interesa.

P.: ¿Eso quiere decir que el crítico ejerce una facultad canonizadora que incluye a ciertos artistas en los circuitos y excluye -con su silencioa otros?


R.V.:
Yo no diría tanto, pero algo de eso hay. La enorme cantidad de arte que se produce necesita ser discriminada de alguna forma. El artista entra en circuitos locales y regionales de mayor o menor jerarquía y, si le va bien, asciende de un circuito menor a otro de mayor importancia. Se comprende que no es tan fácil para un artista de un lugar periférico como para los que están cerca de los circuitos centrales. Es cierto que, en definitiva, son los editores de algunas de las revistas influyentes, los curadores de ciertos museos y también algunos coleccionistas los que deciden sobre la fama y el destino de los artistas.

P.: ¿Cuáles cree que son los principales obstáculos que dificultan la integración del arte argentino a los circuitos centrales?


R.V.:
Sin ninguna duda, el principal obstáculo es la ausencia casi total de una prensa especializada e institucional de alto nivel que brinde soporte teórico a esta integración. Este no es sólo un problema argentino o de países periféricos. En los Estados Unidos, por ejemplo, los artistas de California -uno de los estados más ricos e importantes del país siempre se han sentido marginados, sencillamente porque allí nunca se generaron revistas especializadas. Es el diálogo que se crea en estos foros el que facilita la integración de las escenas nacionales o regionales a los circuitos centrales.

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