6 de enero 2000 - 00:00

"VIOLENT COP"

El cine del japonés Takeshi Kitano es contundente, seco y directo. Entre sus muchos logros, no es menor el de haber entusiasmado a muchos críticos de izquierda con la brutalidad policial y el gatillo fácil: sus escenas ultraviolentas, de una intensidad superior a las que le valieron a Don Siegel, hace más de 30 años, el mote de cineasta 'fascista' por su creación de Harry el Sucio, suelen despertar en su público, más selecto y limitado, emociones seguramente inconfensables aunque sublimadas y admitidas por la calidad de un estilo único.
Con justicia, se ha elogiado la poesía visual de Kitano, menos en el sentido habitual de creador 'imágenes bellas' como de planos meditados como si fueran versos, con el efecto de un látigo.

 Vigencia

«Violent Cop» («Violento policía» habría sido su título en español) tiene ya una década desde su realización aunque no ha envejecido nada. Por el contrario: su relato, clásico y transparente, no está fragmentado por el estilismo flamígero y pedante de la más reciente «Hanna Bi» («Flores de fuego»), estrenada aquí el año pasado.
El protagonista, Azuma, es más o menos el mismo
que en aquel film, siempre interpretado por el mismo director (que también es ensayista, músico, pintor, actor de TV, etc.).
Un policía violento que no deja de hacer justicia por sus propias manos. La película se inicia con las imágenes de un grupo de adolescentes pandilleros, que gozan pegándole a un marginado. Azuma, que irrumpe en el hogar de uno de ellos, le retribuye al espectador un goce similar moliendo a golpes al chico en cuestión, antes de decirle que vaya a entregarse a la policía.

 Original

Los métodos de Azuma encuentran más espacio de cultivo con la complicación de su hermana, débil mental y drogadicta, como víctima de un secuestro por pandilleros de la droga, envueltos en una red que complica también a un poderoso empresario y a la misma institución policial (como el citado Harry, como el «maldito policía» de Harvey Keitel, Azuma es el «violento bueno» opuesto a la violencia interesada de las instituciones).
Indudablemente, el cine de
Kitano es original e interesante, y esta segunda película suya que se estrena en el país (falta aún «Sonatina», sólo vista en ciclos especiales) permite acercarse más aún a su obra y su impecable manera de filmar.
«Violent cop», en ese sentido, tiene escenas antológicas como la de la extensa persecución en auto, con una conclusión apabullante, o la reacción del protagonista con el hombre que se ha acostado con su hermana, cuando todavía ignoramos que se trata de una débil mental.

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