11 de noviembre 1999 - 00:00

"VIVIENDO SIN LIMITES"

E sta vertiginosa comedia negra es una de las películas más divertidas e inteligentes de lo que va de la temporada. Surgido de la escena independiente -aunque esta vez distribuido por una major, la Columbia Pictures-el director Doug Liman partió del guión de un cortometraje al que su talentoso guionista John August terminó agregándole más relatos para ampliarlo hacia otros personajes que a la vez redon-dean el cuento original. Los personajes son gente común envuelta en situaciones imprevisibles: una cajera de super-mercado que por no poder pagar el alquiler explora la peligrosa actividad del traficante de pastillas de éxtasis en una rave, un inglés incapaz de prestarle atención a la estricta norma de no toquetear a las bailarinas nudistas de Las Vegas, dos galancitos de telenovelas sometidos a un extraño acoso eróticocomercial por cuenta de un policía corrupto y su esposa.
El ritmo comienza normal-mente, y a medida que los hechos se desencadenan se convierte en una montaña rusa de sexo, drogas, violencia bañada de un humor negro deliciosamente sádico, pero finalmente no tan cruel como se podría esperar en algún momento, lo que le da a la película un toque simpático bastante inusual. La música electrónica (más un soberbio cover rapero de «Magic Carpet Ride» de Steppenwolf),
la imaginería psicodélica y ese tono entre malicioso e ingenuo terminan relacionando este trabajo de Liman con dos logrados films como «Boogie Nights» y «Corre Lola, corre». Lástima que a diferencia de esos dos títulos «Go» no tuvo demasiada suerte en la taquilla en los Estados Unidos, cosa que ojalá no impida que Doug Liman continúe avanzando en esta misma dirección.
Sin embargo, hay dos objeciones (y una es ajena a la película): es una lástima que la forma de narración cinematográfica de «Viviendo sin límites», que va y vuelve en el tiempo, recuerde excesivamente a «Tiempos violentos» de Quentin Tarantino, que estaba contada de la misma forma. Otro punto débil es su traducción local, que convierte el «Go» original (le podrían haber puesto «¡Vamos para allá!» o algo así) en un convencional «Viviendo sin límites», título que parece del mismo cuño que el que tuvo, por ejemplo, «A life less ordinary» de Danny Boyle, «Vidas sin reglas».

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