27 de septiembre 2006 - 00:00
Willy Brandt, con aire shakespeariano
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Rodolfo Bebán
encarnará a
Willy Brandt en
la obra
«Democracia»,
de Michael Frayn
(autor de
«Copenhague»),
desde el sábado
en el Teatro San
Martín.
Rodolfo Bebán: No. Frayn, al igual que Ibsen o que Chejov, tiene una gran sapiencia de la psicología humana y además es un buen conocedor de la maquinaria política. Salvando las distancias, yo encuentro mucha analogía entre lo que aquí muestra y los entornos políticos de nuestros mandatarios, que son muy nocivos en general, más allá de la capacidad que tengan estos gobernantes. La obra no sólo muestra cómo son las cosas en la alta política sino que además incluye un planteo ético y un conflicto humano complejo.
P.: ¿Investigó sobre la vida de Brandt para componer el personaje?
R.B.: Sí, suelo ser inquieto y por mis intereses literarios estoy acostumbrado a navegar en Internet. Es curioso que a Brandt siempre se lo haya conocido por su nombre de guerra y no por su verdaderonombre, Herbert Karl Frahm. Vi un documental muy interesante sobre su infancia, sus inicios en la socialdemocracia, sus peregrinaciones por el mundo escapando de los nazis y adoptando distintas identidades, su regreso a Alemania y el apoteótico recibimiento que tuvo en su viaje a Estados Unidos. Fue un gran estadista, de una sagacidad y unas virtudes descomunales, y a la vez un individuo que parecía ausente y como descolocado en lugares como la Casa Blanca. Se atrevió a ir a Israel, al Ghetto de Varsovia, donde dejó de lado el discurso que llevaba para ponerse de rodillas en homenaje a los caídos. Una vez se le escapó en un discurso «nuestros hermanos del Este» y muchos alemanes lo consideraron un insulto.
P.: ¿Y los defectos?
R.B.: Los tuvo, sí. Era débil por momentos, porque también era muy mujeriego, se excedía con el tabaco y el alcohol, y además solía tener unas depresiones tremendas. Pero lo que hizo en ese momentofue muy difícil en la historia.
P.: La obra aborda temas muy shakespeareanos como la traición o la ambición de poder. ¿Qué puede anticipar de la relación entre Brandt y Guillaume?
R.B.: Los dos eran muy solitarios y fueron creando un vínculo de mucha confianza. Brandt, al principio, rechazó a Guillaume porque le pareció un tipo servil, un vulgar chupacalcetas, pero cuando su jefe de seguridad le transmite algunas sospechas, él le contesta: «La sola posibilidad de que Guillaume no sea lo que parece ser lo hace infinitamente más tolerable» y lo deja. El también había sido espía en su momento y además tenía un entorno tan terrible que casi era mejor confiar en el enemigo. En realidad podría haber superado la traición de Guillaume, pero se sospecha que le sacaron fotos con otras mujeres como presión para hacerlo renunciar, cosa que él hizo para no agregar un disgusto más a su familia y a su esposa. Pero fíjese qué curioso, Helmut Schmidt, el hombre que le movió el piso -también un excelente primer ministro- durante sus años de gobierno siempre lo consultó a Brandt.
P.: Se nota que le gustó el papel...
R.B.: Siento una gran responsabilidad ante un personaje que ha tenido tanta capacidad y talento para desarrollar lo que le ha tocado vivir. Además, se suma la complicación de su cercanía y de su lejanía también, porque si hay alguien que no tiene que nada ver con Billy Brandt soy yo, sobre todo físicamente. En la época que toma la obra era un hombre más bien corpulento, recién en su vejez se convierte en un anciano delgado, espléndido, con una facha increíble. En el poster que tengo pegado en mi camarín tiene un gran parecido a Peter O'Toole, pero como dicen que lo esencial es invisible a los ojos... aquí estoy para representarlo.
Entrevista de Patricia Espinosa



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