22 de agosto 2001 - 00:00

"Yo puedo tocar jazz, pero soy folklorista"

Dino Saluzzi
Dino Saluzzi
(21/08/2001) Dino Saluzzi acaba de llegar de Austria donde participó del Zeitflus Festival, un encuentro dedicado a la música contemporánea. Dialogamos con él a propósito de los conciertos que hará hoy y mañana en el teatro Astral para presentar su espectáculo «Imágenes», junto a sus hermanos Celso (bandoneón) y Cuchara (saxo), su sobrino José María (guitarras), su hijo Matías (bajo), Jorge Savelón (percusión) y Horacio López (batería), y los bailarines santiagueños Koki y Pajarín Saavedra como invitados.

«El centro de este proyecto -explica-es la música de aquí; no importa el género. Y estaría muy mal si alguien -y yo mismo-creyera que el centro soy yo. Lo principal es acertar la idea de un desarrollo que permita la evolución de nuestra música.»

Periodista: ¿Y eso le resulta más fácil acá o en el exterior?


Dino Saluzzi:
Es difícil liberarse de la carga que significa la cultura musical europea y recorrer otros caminos. Y lo siento especialmente en algunos lugares de Europa, como en Salzburgo, donde toqué hace muy poco, donde la gente está acostumbrada a escuchar a Mozart. Sin embargo, lo que más gusta afuera es aquello que nosotros tenemos de distintos. Nadie puede hacer lo nuestro mejor que nosotros; no hay que venderle naranjas al Paraguay. Y esto no pasa solamente con la música popular; nuestras orquestas jamás tocan a los Castro, a Julián Aguirre. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo va a hacer?

P.: ¿Se trata de volver al folklore?


D.S.:
Yo no diría de ese modo porque nadie puede volver al lugar del que nunca se fue. Lo primero que yo aprendí fue una zamba; y desde allí pude aprender después una fuga, una sonata, los conceptos de la armonía, la orquestación. Pero hay que tener cuidado de que el intelecto deje de lado lo natural. Y tocar una zamba o una chacarera también es difícil porque la dificultad no está en la armonía, en el ritmo, en el complejo instrumental, sino en el sello de la expresión, ésa que no se puede escribir en una partitura.

P.: ¿No está contento con lo que sucede con el folklore actualmente?


D.S.:
El problema es que se produjo una ruptura entre los fundadores y los músicos de ahora. Pero, además, la realidad no ayuda. A mí personalmente me va bien pero no es bueno para nadie vivir en contacto con una realidad donde hay tantas cosas que están mal. Y no es un tema político, o económico, o musical, sino de la concepción de la vida.

P.: Volviendo a la música, muchos lo consideran a usted como un músico de jazz.


D.S.:
Yo soy un folklorista y lo seré siempre; no podría ser otra cosa porque nadie puede ser algo que no está en su esencia. Puedo tocar con músicos de jazz, aprender de ellos, pero nunca voy a ser un músico de jazz porque no lo viví; lo conozco pero a través de las grabaciones. Pero eso no significa que tenga que poner un quiosco y aprovechar aquellas cosas con las que me va bien. Yo no vivo de lo que compusieron otros; yo hago lo mío. No entiendo por qué a los músicos se les pide que repitan una y otra vez la misma cosa; sería como pedirle a Picasso que volviera a pintar muchas veces el «Guernica». Los músicos tenemos la obligación de evolucionar. Y si trabajamos con bailarines tenemos que pedirles lo mismo a ellos; por eso voy a hacer este espectáculo con los Saavedra, que siempre están corriendo el riesgo de mostrar una cosa diferente. Hay que distinguir aquello que hace el pueblo de lo que hacemos los artistas cuando nos subimos a un escenario y cobramos para que nos vean.

P.: ¿Por qué, pudiendo elegir entre grandes músicos de todo el mundo, elige trabajar con su familia y con músicos argentinos?


D.S.:
Por todo esto que estamos hablando. En ellos, como en mí, están los mismos cimientos: Ciriaco Ortiz, Troilo, Hugo Díaz, Salgán, los Abalos; y hay cosas que no necesitan explicarse. Igualmente, yo trabajo con otra gente, con artistas de música clásica, con músicos de jazz. Después de estos recitales tengo que ponerme a grabar otro disco con un cuarteto de cuerdas y tengo conciertos con ellos hasta el año 2003.

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