Will Smith es el detective que odia a los robots en un film con la espectacularidad y el espíritu de los viejos «entretenimientos de matiné» que hoy son clásicos imperdibles.
«Yo Robot» («I, Robot», EE.UU., 2004, habl. en inglés). Dir.: A. Proyas. Int.: W. Smith, B. Moynahan, A. Tudyk, J. Cromwell, B. Greenwood, A.L. Ricard, Ch. McBride.
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Aunque «Yo, Robot» es sólo el título de uno de los relatos más famosos de la era de oro de la ciencia ficción, sus legendarias «tres leyes» de la robótica alimentaron gran cantidad de relatos de su prolífico autor, Isaac Asimov (sin mencionar films y series de TV tan famosos como «Robocop» o «Rumbo a lo desconocido»).
Apenas «sugerido» por el relato de Asimov, el guión de esta película del director de «Ciudad en tinieblas» toma elementos básicos del relato original, le suma varios otros hitos de la imaginería robótica del mismo autor, y los combina con una trama futurista pensada especialmente para reflejar con ironía, humor y sátira social este primer lustro del siglo XXI.
Lo mejor es que lo hace bien, y sin tomarse muy en serio, ni alejarse radicalmente de las ideas de Asimov ni siquiera en sus momentos de acción a secas.
En este sentido esta contundente «Yo Robot» puede ser comparada con otros dos sólidos films fantásticos recientes, «El Pago» de John Woo y «El hombre araña 2» de Sam Raimi. Will Smith es un policía negro de clase baja con un odio visceral hacia los cada vez más masivos robots utilitarios de este universo futurista que empieza feliz y se va volviendo progresivamente dantesco. Hay una historia personal al respecto, que lo convierte en el único policía del mundo capaz de suponer que un robot pueda cometer un crimen, idea irracional que niega la lógica inexorable de las «tres leyes», aunque hay buenas razones para ello.
El principio refleja con ciertafidelidad el cuento de Asimov. Luego la película se pierde en la nueva trama de un más típico thriller futurista, con tanto o más ritmo y audacia visual que un «Día de la Indepencia», por ejemplo, pero, sobre todo, con una dosis respetable de las ideas de la literatura de Isaac Asimov diseminadas en medio del aquelarre de imágenes impactantes. Todo en medio de una impresionante construcción de un mundo futuro que parte de la idea de mostrar un elemento asombroso para unirlo inmediatamente a otro totalmente familiar de nuestro presente, estrategia impecable a la hora de lograr que el público relacione esos conflictos imaginarios con asuntos actuales en los que por lo general prefiere no pensar demasiado.
Práctico como era, probablemente Asimov no tendría demasiados problemas con esta película «sugerida» por su relato más famoso. Este film imperfecto es una magnífica película de matiné contemporánea. Lo mejor es que, sin darse la menor importancia, revive el género gracias a imágenes tan potentes como las de los momentos culminantes de superclásicos como «El Planeta de los Simios» de Franklin J. Schaffner o «Viaje Fantástico» de Richard Fleischer y tantos otros títulos que hoy son considerados imperdibles, a pesar de haber sido recibidos por la crítica de su época como simples entretenimiento de matiné, justamente.
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