El arquitecto mexicano Abraham Zabludovsky, uno de los grandes maestros del continente, acaba de inaugurar el Museo del Niño en Villa Hermosa y un Centro de Arte en Veracruz. La obra de Zabludovsky -recientemente distinguido con el Premio Vitruvio a la Trayectoria de un Arquitecto Latinoamericano, que otorga anualmente el Museo Nacional de Bellas Artes-, se destaca por su resuelta y armónica articulación de sensibilidad y maestría técnica, capacidades que han hecho de él uno de los más célebres y solicitados creadores de su país.
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Diplomado en 1949, a los 25 años, la primera etapa de Zabludovsky se concentra en el diseño de edificios de departamentos, viviendas unifamiliares y conjuntos habitacionales, donde fue afianzando un estilo de cuño propio, que, sin renunciar a los postulados de la contemporaneidad arquitectónica, buscó, sin embargo, una sugerente actualización de las tradiciones mexicanas. Asociado, en 1968, a Teodoro González de León -aunque de manera asistemática, ya que ambos han mantenido su independencia, trabajando en común sólo en determinados proyectos-, continuó su propuesta regionalista.
Con más de doscientas obras que abarcan una variada gama de tipologías, Zabludovsky ha realizado aportes sustantivos a la arquitectura de su país, que lo inscriben por derecho propio entre los más notables creadores de América Latina. Esta posición ha sido corroborada por la Bienal Inter-nacional de Arquitectura de Buenos Aires, al otorgarle el Gran Premio Latinoamericano en 1988 y el Vitruvio en diciembre del 2002. Sus obras son una presencia permanente en la historia arquitectónica y el imaginario urbano de México. Sus diseños hallan siempre el justo equilibrio entre la necesidad y la respuesta, las formas y los materiales, el orden y la imaginación.
El más decisivo de los maestros de Zabludovsky fue sin duda José Villagrán García (1901-1982), que comenzó en México la batalla del racionalismo contra el estilo neocolonial. En 1951, Zabludovsky abrió su estudio propio en la ciudad de México. Como arquitecto, el boom económico lo situó frente a una de sus consecuencias directas: el crecimiento acelerado y descontrolado de los centros urbanos, detrás del cual se movilizaba una sostenida explosión demográfica. Formado en las enseñanzas racionalistas, ha sido un sobresaliente animador de la arquitectura regional y paso a paso ha estructurado una obra sólida y personal. En su obra hay un primer período de «trabajo y experimentación», entre las décadas de los '50 y los '60. Son edificios de departamentos y viviendas unifamiliares, que establecen las bases de su discurso. La influencia de maestros como Villa-grán y O'Gorman, así como la práctica de la van-guardia internacional de Neutra y Niemeyer, se reflejan en la obra de este período.
La manifestación y diferencia de funciones a través del volumen y la expresión de los materiales fijaron el carácter a los primeros 20 años de su práctica. A principios de los '70, el hormigón adquirió un papel predominante, tanto en las viviendas como en las obras institucionales.
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