14 de enero 2026 - 14:32

El dato de inflación divide a los economistas: por qué se estancó el proceso de desaceleración

Aunque el IPC de 2025 marcó el nivel más bajo en ocho años, hubo una aceleración en los últimos meses. Los cuatro factores clave y el desafío de este 2026.

La mirada de los economistas sobre el fenómeno de la inflación y los desafíos que se vienen. 

La mirada de los economistas sobre el fenómeno de la inflación y los desafíos que se vienen. 

Mariano Fuchila

Este martes se conoció el dato de inflación de diciembre. El acumulado de 2025 fue el más bajo en ocho años y, al mismo tiempo, el IPC mensual el más alto de los últimos ocho meses. También es cierto que la inflación interanual se redujo a menos de la mitad respecto de enero del año pasado, pero no es menos cierto que la mensual viene acelerándose de manera sostenida desde hace cinco meses. Todas estas afirmaciones son correctas y conviven en el mismo diagnóstico. Así, persiste el debate entre los economistas sobre el rumbo de la política económica y la pregunta abierta es por qué se estancó el proceso de desinflación.

Hay algunos consensos básicos. El superávit fiscal, por sí solo, no alcanza para bajar la inflación: es condición necesaria, pero no garantiza su eliminación. También hay acuerdo en que durante buena parte de 2025 el Gobierno buscó anclar el dólar y los salarios como variables clave para contener la dinámica de precios. En ese marco, la aceleración de los últimos meses estuvo estrechamente vinculada a la volatilidad de las tasas de interés y a las tensiones cambiarias que se intensificaron en el período preelectoral.

Sin embargo, en diciembre —más allá del componente estacional, habitual en ese mes — se observaron aumentos significativos en rubros sensibles. Los precios de los alimentos y los combustibles registraron subas superiores al 3%, mientras que la inflación núcleo también se ubicó en torno a ese nivel, según el último informe del INDEC. Este dato resulta especialmente relevante, ya que sugiere que las presiones inflacionarias no se explican únicamente por factores transitorios.

En este contexto, el debate se centra en la multiplicidad de factores que están condicionando la trayectoria de los precios y en la efectividad del nuevo esquema cambiario para reencauzar el proceso de desinflación. Esta nota busca desglosar esos elementos y evaluar qué puede esperarse en los próximos meses y qué rol va a jugar el dólar en ese proceso.

1. La inercia inflacionaria

En la actualidad aún hay precios que se fijan en base a la inflación pasada, lo que termina por generar un componente de "expectativa" que, casi siempre, termina siendo mayor a la suba de precios que finalmente es. Las empresas ajustan precios para no quedar "atrasadas", los salarios se negocian con cláusulas de compensación por inflación previa, demora en los acuerdos paritarios, alquileres, servicios y otros contratos que se indexan. Según algunos cálculos de economistas que varían entre uno y otro análisis, el impacto de esta inercia puede estar entre 0,7 y más de 1 punto.

"El proceso de desinflación inicial durante el primer y segundo año de Javier Milei se ancló en dos variables que eran el dólar y los salarios. Los salarios se empezaron a recuperar y volvieron a niveles parecidos a los que tenía hace dos años, hasta mediados de 2025. La segunda ancla fue el dólar: el dólar iba a ir al piso de la banda y desde julio empezó a subir porque el mercado le marcó al Gobierno un límite a su política de apreciación cambiaria porque no era creíble y de hecho no la pudo sostener, y terminamos cerca del techo de la banda y con intervenciones", analizó Martín Kalos, director de Epyca Consultores.

"El agotamiento de esas dos herramientas que se usaron es lo que marca el agotamiento de la desinflación. Después juega la inercia. La inercia es lo que hace justamente que a cada piso que va llegando, te genere un punto donde es difícil bajar. Hoy tenés una inercia que está entre 2 puntos o menos, que hace que sea difícil bajar de ahí. Hay que romperlo, pero requiere de políticas activas que no pueden depender de anclar dos precios", aseguró.

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La dinámica salarial juega un rol en la percepción de la suba de precios

La dinámica salarial juega un rol en la percepción de la suba de precios

2. Salarios

Más allá de la inercia, hay una razón clave que explica por qué una parte significativa de la población no “siente” la desaceleración de la inflación: el comportamiento de los salarios. Tal como publicó Ámbito, la dinámica salarial fue marcadamente heterogénea. Si bien el salario promedio se mantuvo levemente por encima de los niveles de noviembre de 2023, ese promedio esconde realidades muy dispares entre sectores.

En línea con la estrategia oficial de desindexar la economía —considerada un elemento central para quebrar la inercia inflacionaria— no todas las negociaciones paritarias buscaron acompañar la inflación pasada. Como resultado, muchos convenios cerraron aumentos por debajo del IPC, lo que implicó una pérdida de poder adquisitivo para una porción relevante de los trabajadores solo si tenemos en cuenta los salarios privados registrados.

En ese contexto, la aceleración inflacionaria de los últimos meses encontró a numerosos salarios rezagados, y el repunte del IPC no llegó a ser compensado. Incluso la reactivación de un mecanismo conocido, como las sumas fijas no remunerativas, tuvo un alcance limitado: si bien permitió atenuar parcialmente el impacto en algunos sectores, no logró recomponer de forma homogénea los ingresos reales.

La pregunta hacia adelante es si el Gobierno continuará utilizando a los salarios como ancla para contener la inflación y, en paralelo, qué referencia tomarán los sindicatos en las próximas negociaciones colectivas. Si es por expectativa del REM, los analistas esperan que el IPC siga estando cerca del 2% en los próximos meses.

En ese marco, desde LCG advierten que resulta poco probable que la inflación converja a registros inferiores al 1% mensual en el corto plazo. “La inercia inflacionaria sigue siendo un factor relevante y un mayor dinamismo de la actividad podría reactivar pujas distributivas que hasta ahora estuvieron ausentes, tanto en materia salarial como en la recomposición de márgenes”, señalaron en su último informe. En este punto, proyectan para los primeros meses del año una inflación todavía en zona del 2% y, en 2026, una inflación del 22% anual medida a diciembre, por encima de la expectativa del Gobierno que en el presupuesto 2026 proyectó un IPC del 10,1%.

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Salarios y el dólar: qué rol juegan en la dinámica de precios

Salarios y el dólar: qué rol juegan en la dinámica de precios

3. Recomposición de precios relativos

Durante períodos de alta inflación, controles de precios, atrasos tarifarios o tipo de cambio reprimido, algunos precios quedan artificialmente bajos y otros suben más rápido. Cuando esas distorsiones se liberan, los precios rezagados tienden a subir por encima del promedio para recuperar terreno. A eso se lo denomina recomposición de precios relativos. En Argentina tenemos varios de estos precios que están recomponiendo valor: uno de ellos y que se vio claramente en el IPC de diciembre fue la carne.

Los incrementos se dieron en todos los meses, pero fue en diciembre cuando se produjo el incremento porcentual más pronunciado, con un 11,2%, unas cuatro veces más que el aumento general de los precios minoristas, según el relevamiento del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en base a datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva). La suba promedio de la carne fue del 11% sólo en diciembre donde hay una cuestión de factores vinculados a la hacienda que presionan el valor.

"La cuestión de la carne, viene con fuertes aceleraciones en los últimos meses, que se ve afectada también por lo que sucede con la macro y cuestiones particulares vinculadas al mercado de hacienda", destacó Claudio Caprarulo, director de Analytica en diálogo con Ámbito.

Otro punto que destaca Caprarulo es el impacto de los aumentos de tarifas, en un contexto en el que el Gobierno avanza en la reducción de subsidios. “Desde el lado de las finanzas públicas le permite al Gobierno mantener el superávit primario”, señaló. En ese sentido, los ajustes en las tarifas de los servicios públicos seguirán ejerciendo presión sobre la inflación en los próximos meses, especialmente teniendo en cuenta que el Presupuesto 2026 introduce cambios relevantes en el esquema vigente.

En particular, el nuevo Sistema de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF) reemplaza la segmentación por niveles de ingresos y establece un esquema más simple, que distingue entre hogares que reciben subsidio y aquellos que pagan el costo pleno de la energía, además de fijar topes al consumo subsidiado.

Hasta noviembre, según datos de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), los subsidios económicos acumularon una caída superior al 40% en términos reales en los primeros once meses de 2025, un ajuste que contribuye a la consolidación fiscal pero que, al mismo tiempo, introduce un factor adicional de presión en precios regulados.

4. El esquema cambiario

A partir de este mes, el esquema cambiario dejó atrás la actualización de las bandas mediante una especie de crawling peg del 1% mensual y pasó a un sistema que busca alinear el techo de la banda con la inflación de dos meses atrás. Mientras el esquema anterior dificultaba una acumulación consistente de reservas pero priorizaba el anclaje inflacionario, el actual apunta a fortalecer las reservas del BCRA a costa de un moderado impacto en precios.

En los primeros días de implementación, el tipo de cambio se mantuvo más cerca del techo de la banda —en torno al 4%–5%— y más alejado del piso, aunque lentamente empezó a revertirse en las últimas ruedas. No obstante, este cambio contribuye a mejorar las expectativas de los agentes económicos. “Lo que tenés es un juego de una recuperación del dólar, que algo te incide en precios, pero también una recuperación de otros costos”, sentenció Kalos.

En esa misma línea, Caprarulo sostuvo que el nuevo esquema permitirá retomar el proceso de desinflación, aunque advirtió que su efectividad dependerá de “cómo se termine configurando la oferta de dólares y de la decisión del Gobierno a la hora de priorizar la acumulación de reservas por sobre la inflación”.

Para el economista Federico Machado, el rol del régimen cambiario resulta clave para entender la dinámica reciente de los precios. “Creo que un punto a considerar es que la inflación empezó a acelerarse en julio, cuando el esquema de salida del cepo —que tuvo un buen inicio— comenzó a presentar dudas, las cuales se profundizaron hasta octubre. La falta de acumulación de reservas y la estrategia de apreciación del tipo de cambio son claves para explicar por qué las expectativas de los agentes hoy incorporan mayores ajustes del programa, a diferencia de lo que sucedía hasta mediados del año pasado. En ese sentido, los cambios introducidos en diciembre me parecen positivos, porque se orientan a resolver estos puntos (reservas y apreciación forzada). Creo que, si el programa sale bien, vamos hacia un nuevo ciclo de desinflación más lento, pero más consistente”.

Desde Adcap, el Head of Research & Strategy, Federico Filippini, remarcó que, más allá de las lecturas puntuales de los datos, “el mix de política económica favorece a que los agentes sigan esperando una desinflación”. Y agregó: “Hacia adelante, me parece importante seguir fortaleciendo las anclas nominales del modelo. Queda mucho por hacer”.

Caprarulo, por su parte, concluyó que la experiencia regional ofrece una advertencia clara: “Cuando miramos otros procesos de la región, encontramos que no son procesos cortos. No se resuelve un problema estructural de inflación en uno o dos años y muchas veces hay momentos en los que la tendencia decreciente se revierte. El objetivo del Gobierno debería ser retomar el sendero de baja de la inflación en un contexto complejo, en el que necesita sostener la reducción del peso de los subsidios y del gasto público, y al mismo tiempo lograr la sostenibilidad del mercado cambiario”.

Por caso, tras los episodios de alta inflación de las décadas del 80 y 90, Chile tardó cerca de tres años en llevar la inflación a un dígito, México cinco años, Brasil entre dos y tres años y Perú alrededor de tres años. En la mayoría de los casos, los procesos combinaron ancla cambiaria, ajuste fiscal y acuerdos de precios y salarios. El denominador común, con o sin políticas de shock, fue el manejo de las expectativas como elemento central del proceso.

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