Operarios de TBA trabajaron ayer en la restauración y limpieza de las vías en la estación de Haedo después
de los disturbios del martes.
El panorama era ayer desolador en la estación de Haedo: calles todavía impregnadas de hollín y aroma a madera y goma quemadas que se disipaba sólo de a ratos. Sobre los andenes, que poco a poco fueron retomando la actividad normal, se mezclaban los relatos de cientos de vecinos y comerciantes de la zona que intentaban recuperarse de la conmoción. En simultáneo, unos 50 obreros de la empresa TBA trabajaron en forma permanente durante todo el día en la limpieza y restauración de la parada. «Estamos devastados, porque para nosotros esta estación era símbolo de nuestra historia. Allí, esperando alguna vez el tren, conocí a mi mujer», se lamentó Horacio, un reconocido comerciante de la zona lindera a las vías del ferrocarril.
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Sin embargo, entre tanta desolación los vecinos decidieron ayer tomar cartas en el asunto y realizaron un abrazo simbólico a la estación para «repudiar» los hechos que provocaron el deterioro del histórico edificio ferroviario y de algunos comercios.
La movilización arrancó en la esquina de Fasola y Rivadavia y estuvo encabezada por el intendente Martín Sabbatella quien --además de comprometerse públicamente a brindar el apoyo necesario para recuperar el edificio incendiado y destrozado-leyó una emotiva carta redactada por los propios vecinos y por los representantes del Instituto y Archivo Histórico Municipal de Morón. «La estructura de la estación está en pie, igual que nuestro amor por este sitio», dijo Graciela Sáez, directora del instituto. Cerca de 1.200 vecinos participaron del abrazo, que incluyó la intervención de diversas entidades intermedias de la zona. Portando carteles como «Por mi estación, por Haedo, por la paz», caminaron alrededor del predio mientras los empleados de TBA continuaban con las tareas de refacción de los edificios afectados.
Emocionada, Rita contó que el día de los violentos incidentes «caminamos por la estación hasta las once de la noche mirando con enorme tristeza lo que había pasado». Otra vecina, María Luisa, relató: «Mi esposo nació en Haedo hace 65 años y no puede acercarse al lugar por el dolor profundo que le causa ver cómo ha quedado este sitio tan emblemático para los que vivimos en la zona».
Según explicó a este diario Sáez, todavía es muy pronto para evaluar las pérdidas de piezas históricas que estaban dentro de la estación construida en 1920 y que todavía conservaba la fisonomía de las típicas construcciones de estilo inglés.
Sólo unas zorras y los murales pintados por el artista Carlos Terribili esquivaron el avance de las llamas. El viejo reloj inglés que coronaba el hall central y un clásico banco de hierro y madera no lograron ser identificados entre los restos humeantes. Sospechan que, al igual que lo que ocurrió con una imagen de la Virgen de Luján, podrían haber sido robados por los vándalos que el martes se apoderaron de la escena.
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