2 de noviembre 2005 - 00:00

Argentinismo ayer en Haedo

• Activistas atacaron ayer dos formaciones de trenes en la estación Haedo, en el conurbano de Buenos Aires • Incendiaron 14 vagones y la estación del lugar, que es monumento histórico • Entre las 8.15 y mediodía hubo saqueos en comercios, un banco y robos de materiales ferroviarios • La Policía tardó más de tres horas y media en intervenir porque no había número suficiente de uniformados en la zona, muchos de ellos desplazados a la cumbre presidencial de Mar del Plata • El gobierno acusó a activistas gremiales y al grupo Quebracho, que negó responsabilidad • El grave incidente puso también en la superficie la calidad del servicio que presta la concesionaria.

Uno de los trenes que fueron incendiados ayer en la estación de Haedo.
Uno de los trenes que fueron incendiados ayer en la estación de Haedo.
El gobierno negará que la «batalla de Haedo» -un ataque al Estado organizado con tecnología insurgente- tiene algo que ver con el permiso al piqueterismo que posibilitó rearmar en estos días para la «contracumbre» de Mar del Plata. Pero no podrá demostrar que no tuvo relación ese incidente con la protesta subsidiada por el propio gobierno contra el principal invitado de Néstor Kirchner, George Bush, a la cumbre de presidentes de Mar del Plata. En realidad, ayer en Haedo salió afuera la agresividad típica del argentino azuzada por algunos activistas.

Claro, éstos actúan en «tierra fértil» para ese tipo de barbarie. Además ven un gobierno sin autoridad salvo contra empresas y esto aporta. También el permanente desprecio de la izquierda en el gobierno contra uniformados y fuerzas de seguridad, más las depuraciones, les han quitado autoridad y las masas tienden a sentirse impunes para desmanes. Por eso es compleja la explicación de ese argentinismo ayer en una simple estación de tren.

La Cancillería dispuso personal para atender a los quejosos contra la cumbre, el aliado intendente marplatense, Daniel Katz, les cedió el uso libre del estadio mundialista de Mar del Plata. La frutilla la puso horas antes de la batalla de Haedo el diputado oficialista Miguel Bonasso llamando, abrazado a Diego Maradona, a encolumnarse en la protesta anti-Bush, desde las pantallas amigas (del gobierno) del monopolio-Noble-Magnetto despuésde un reportaje también proselitista con Fidel Castro.

Es una inocentada creer que no haya consecuencia alguna entre esas imágenes que descienden desde el poder establecido y los actores del desastre de Haedo. Los activistas encuentran en ese auspicio oficial justificación ideológica para sus actos y además tienen la seguridad de que serán impunes, por lo menos en el comienzo de los incidentes, porque la Policía tiene orden de no actuar.

El público que es arrastrado a sumarse en los primeros momentos -hasta que ven que hay sangre y fuego- también encuentra aliento para la protesta si ve que a los funcionarios no les desagrada que estén organizando una contracumbre con el mismo bolsillo con que se paga la cumbre oficial. Casi una broma si no costase tanto dinero. Ni qué decir cuando desde una pantalla casi oficial un ídolo como Maradona, con Fidel Castro y Bonasso como bastonero también incitan a hacer lío. Que eso no tenga alguna consecuencia sería no creer en la fuerza que los medios y determinados símbolos en ellos tienen sobre la sociedad.

El gobierno recae en errores conocidos: Eduardo Duhalde decía, cuando estaba en la Casa de Gobierno, que si no fuera presidente sería piquetero. Debió adelantar la salida del cargo por dos muertos en una protesta de los piqueteros que él subsidiaba. Se terminó de pelear hace tres meses con Kirchner porque el Presidente quería poner piqueteros en las listas de candidatos.

Ahora el Presidente quería verse en los medios de todo el mundo abrazado a otros mandatarios, particularmente Bush, para relanzar el perfil de un presidente más serio. Desde ayer tiene al país en todas las televisiones del mundo proyectando las imágenes de los trenes incendiados en Haedo. Será difícil taparlas en los próximos días con imágenes más edificantes.

• Táctica cuidada

La agresión al Estado que es la batalla de Haedo responde a una táctica cuidada: saboteadores que dañaron la red motriz del tren para provocar la detención, activistas con molotov en el primer vagón de la formación que iba hacia estación Once que incitaron a los pasajeros a la protesta e incendiaron siete vagones en pocos minutos, retenes en los alrededores de la estación que impidieron la llegada de la primera formación de bomberos y agredieron al primer patrullero que se acercó al lugar, columna de activistas que incitaron al pillaje a vecinos de barrios pobres, en un segundo ataque, sobre la estación, donde se produjo el saqueo de boleterías, negocios, un banco, todo el cablerío de cobre del «tercer riel» (el que transmite la electricidad que hace funcionar los trenes) y el aluminio de los vagones.

También parecen elegidos el lugar y la empresa agredida. Los trenes de toda la zona metropolitana están -lo reveló ayer la propia empresa TBA- desde hace 96 horas en estado de alerta ante la eventualidad de ataques terroristas relacionados con la cumbre presidencial. Después de los ataques de Al-Qaeda en Madrid y en Londres las redes de ferrocarriles de los países que pueden ser blanco de agresiones entran en alerta -como ocurre esta semana en la Argentina- cuando hay reuniones como esta cumbre.

• Blanco crítico

La ineficacia del Estado al impedir la delincuencia se mostró ayer en estos trenes rigurosamente vigilados: en la primera ola del ataque no participó más de una veintena de activistas, pero como la formación del Sarmiento tenía 2 mil pasajeros -a los que se sumaron otros 2 mil de un tren que se detuvo como consecuencia de la agresión- no había policías que pudieran frenar durante varias horas el incidente. Este comenzó a las 8.15 con la detención y las primeras protestas de los activistas, la segunda ola de pillajes comenzó a las 11. Cuando comenzaron los saqueos ya no había pasajeros en la protesta y aún no habían logrado reunir la cantidad necesaria de policías, distraídos como están con el operativo de la cumbre de Mar del Plata. Y eso que los trenes son un blanco crítico y están bajo alerta antiterrorista.

Elegir TBA también obedecea una táctica. No sólo por que esa empresa sea objeto de críticas del público por el mal servicio. También porque pertenece a un grupo empresario estrechamente ligado al gobierno, tanto que está en la agenda del secretario de Transporte, el tan cuestionado Ricardo Jaime, confiarle la tarea de reflotar la línea aérea Southern Winds. Esta empresa conserva hoy apenas la marca y opera alguna línea pero sus empleados siguen cobrando el sueldo con fondos públicos. Cuando está en el umbral de hacerse cargo de esa línea subsidiada sin explicación alguna por el gobierno -salvo para prebendar a amigos con dinero y nombramientos- el grupo TBA aparece como blanco de esta batalla ante la cual hay que rogar no sea el comienzo de una guerra.

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