3 de noviembre 2005 - 00:00

Avellaneda, ¿anticipo de otros conflictos?

La Municipalidad de Avellaneda sufrió serios daños tras los incidentes con los trabajadores municipales.
La Municipalidad de Avellaneda sufrió serios daños tras los incidentes con los trabajadores municipales.
Jamás sintonizaron. Y fue la política, más que la pulseada gremial, lo que paró en orillas antagónicas a Baldomero «Cacho» Alvarez y Rubén García, actores del violento incidente que, entre armas de fuego y heridos, convirtió ayer a Avellaneda en imán de todos los ojos.

El hecho, que investiga la Justicia, coronó un antiguo y áspero toreo entre el intendente y el jefe sindical, hostilidad que no se limitó a lo salarial: se conjugan celos, presiones y, sobre todo, una explícita incompatibilidad en las aspiraciones políticas de ambos.

La rivalidad no es reciente. Hubo un cortocircuito cuando Alvarez reasumió en 2003 en el municipio y expulsó a empleados nombrados por el anterior jefe comunal Oscar Laborde, hoy kirchnerista y funcionario de Cascos Blancos en la Cancillería de Rafael Bielsa. Hace 120 días, en tanto, la tensión recrudeció.

Pero se había agudizado a fines de 2004 cuando García encontró en el kirchnerismo un resquicio desde donde batallar -en términos políticos, claro-, contra Alvarez, un dirigente con adn duhaldista y trato directo con Eduardo Duhalde, que ocupa uno de los máximos cargos del PJ bonaerense.

Integra, por tanto, el club de los perdedores de la elección del domingo 23 en la que Cristina Fernández derrotó a Chiche Duhalde. Desde esa tarde, Alvarez forma parte del duhaldismo residual.

En tanto, el año pasado, junto a Juan Carlos Sluga -hasta entonces mano derecha de otro ultraduhaldista, Alfredo Atanasof-, García logró un guiño de la Casa Rosada y el esponsoreo de Carlos Kunkel para «romper» la Federación de Municipales, que capitaneaba el ex jefe de gabinete de Duhalde.

Desde allí, más tarde
escaló hasta al casillero 11 de la lista de diputados provinciales del Frente para la Victoria (FpV) por la Tercera Sección (sur del conurbano). No logró una banca en la Legislatura bonaerense por un puñado de votos.

Mirando más atrás, su base política fue, desde siempre, el sindicato que ya es
prácticamente un bien de familia: su padre, «Cholo»

García
, reinó durante décadas entre los municipales. Con el paso del tiempo, su hijo Rubén, a quien apodan «Cholito», heredó la jefatura.

La anécdota merece citarse:
García padre, un antivandorista declarado, tuvo una intervención periférica en el tiroteo de La Real, de Avellaneda, donde murió Rosendo García, episodio que pesquisó y relató Rodolfo Walsh en «¿Quién mató a Rosendo?».

Por aquellos días, «Cholo» se enfrentaba a Gerónimo Izeta -quien auxilió, otros dicen que demoró el auxilio, a Rosendo que estaba heridopor el control del sindicato municipal, en cuya sede estuvo Augusto Timoteo Vandor, antes de marchar al bar donde se produjo la balacera.

Cuarenta años después otra balacera -muchomenos trágica que aquélla-alteró Avellaneda. La resolución de un conflicto políticogremial a los tiros remite, inevitablemente, a aquellos tiempos.

Alvarez
, que compartió espacio político con Felipe Solá en la segunda mitad de los '90 -convivieron en el llamado «duhaldismo crítico» que nació en Villa Gesell en el verano de 1998-, responsabilizó ayer a «una banda armada» ligada a García. Un video de TV sembró dudas sobre esa versión.

El jefe sindical, en tanto, afirmó que empleados municipales que responden al intendente fueron los que dispararon. Hubo tres detenidos y fue secuestrada el arma con el que se habrían realizado los disparos.

• Observaciones

La lectura global del conflicto permite varias observaciones:

• Es inevitable vincular la arremetida de
García con la intención de dañar políticamente al intendente y su percepción de que tenía vía libre para hacerlo, por el hecho de que el FpV derrotó por amplio al PJ en las elecciones del 23/10. El gobierno, a través del ministro del Interior, Aníbal Fernández, quiso despejar esa sospecha pero Felipe Solá, que recibió ayer al gremialista, no hizo más que alimentar la presunción, aunque los voceros del gobernador dijeron que «sólo lo recibió 20 minutos para escuchar su versión de los hechos».

• Sin embargo, hasta anoche, Solá no había hablado con Alvarez, quien, a su vez, desligó de los sucesos al gobierno nacional pero fue más sugerente respecto del papel del gobernador. Todo se explica: el intendente, como muchos duhaldistas, imagina que con el paso del tiempo será bendecido por una amnistía y podrá recomponer su trato con Néstor Kirchner.

• Además del interés que, según
Arslanian, mostró Alvarez en torno a la detención de los acusados de disparar, Solá ordenó el pase a disponibilidad del comisario con autoridad sobre la zona, Sergio Gabriel Zubaide. ¿Motivo?: la presunción de que «no actuó con la celeridad debida» y que, en vez de detener a los sospechosos, habría tenido una actitud que los voceros consideraron «displicente».

• Ayer, por otro lado, tanto desde el gobierno como desde los sindicatos, aseguraban que
no hay otros distritos que presenten la singularidad político-gremial de Avellaneda. Es decir: circunscribían el conflicto a ese municipio y afirmaban que no se contagiaría a otras comunas. De todos modos, en el PJ oficial, el caso de Avellaneda encendió alarma: varios intendentes que jugaron con Duhalde quedarán en minoría en sus concejos deliberantes y temen que luego del cambio de mandatos, comiencen las embestidas para desplazarlos. ¿ Incentivarán o, al menos, dejarán Kirchner y Solá que prosperen esas maniobras? Tanto desde la Casa Rosada como desde La Plata dijeron que no, que defenderán la «institucionalidad». La respuesta sólo la dará el tiempo.

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