3 de noviembre 2005 - 00:00
Avellaneda, ¿anticipo de otros conflictos?
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La Municipalidad de Avellaneda sufrió serios daños tras los incidentes con los trabajadores municipales.
Desde allí, más tarde escaló hasta al casillero 11 de la lista de diputados provinciales del Frente para la Victoria (FpV) por la Tercera Sección (sur del conurbano). No logró una banca en la Legislatura bonaerense por un puñado de votos.
Mirando más atrás, su base política fue, desde siempre, el sindicato que ya es prácticamente un bien de familia: su padre, «Cholo»
García, reinó durante décadas entre los municipales. Con el paso del tiempo, su hijo Rubén, a quien apodan «Cholito», heredó la jefatura.
La anécdota merece citarse: García padre, un antivandorista declarado, tuvo una intervención periférica en el tiroteo de La Real, de Avellaneda, donde murió Rosendo García, episodio que pesquisó y relató Rodolfo Walsh en «¿Quién mató a Rosendo?».
Por aquellos días, «Cholo» se enfrentaba a Gerónimo Izeta -quien auxilió, otros dicen que demoró el auxilio, a Rosendo que estaba heridopor el control del sindicato municipal, en cuya sede estuvo Augusto Timoteo Vandor, antes de marchar al bar donde se produjo la balacera.
Cuarenta años después otra balacera -muchomenos trágica que aquélla-alteró Avellaneda. La resolución de un conflicto políticogremial a los tiros remite, inevitablemente, a aquellos tiempos.
Alvarez, que compartió espacio político con Felipe Solá en la segunda mitad de los '90 -convivieron en el llamado «duhaldismo crítico» que nació en Villa Gesell en el verano de 1998-, responsabilizó ayer a «una banda armada» ligada a García. Un video de TV sembró dudas sobre esa versión.
El jefe sindical, en tanto, afirmó que empleados municipales que responden al intendente fueron los que dispararon. Hubo tres detenidos y fue secuestrada el arma con el que se habrían realizado los disparos.
• Observaciones
La lectura global del conflicto permite varias observaciones:
• Es inevitable vincular la arremetida de García con la intención de dañar políticamente al intendente y su percepción de que tenía vía libre para hacerlo, por el hecho de que el FpV derrotó por amplio al PJ en las elecciones del 23/10. El gobierno, a través del ministro del Interior, Aníbal Fernández, quiso despejar esa sospecha pero Felipe Solá, que recibió ayer al gremialista, no hizo más que alimentar la presunción, aunque los voceros del gobernador dijeron que «sólo lo recibió 20 minutos para escuchar su versión de los hechos».
• Sin embargo, hasta anoche, Solá no había hablado con Alvarez, quien, a su vez, desligó de los sucesos al gobierno nacional pero fue más sugerente respecto del papel del gobernador. Todo se explica: el intendente, como muchos duhaldistas, imagina que con el paso del tiempo será bendecido por una amnistía y podrá recomponer su trato con Néstor Kirchner.
• Además del interés que, según Arslanian, mostró Alvarez en torno a la detención de los acusados de disparar, Solá ordenó el pase a disponibilidad del comisario con autoridad sobre la zona, Sergio Gabriel Zubaide. ¿Motivo?: la presunción de que «no actuó con la celeridad debida» y que, en vez de detener a los sospechosos, habría tenido una actitud que los voceros consideraron «displicente».
• Ayer, por otro lado, tanto desde el gobierno como desde los sindicatos, aseguraban que no hay otros distritos que presenten la singularidad político-gremial de Avellaneda. Es decir: circunscribían el conflicto a ese municipio y afirmaban que no se contagiaría a otras comunas. De todos modos, en el PJ oficial, el caso de Avellaneda encendió alarma: varios intendentes que jugaron con Duhalde quedarán en minoría en sus concejos deliberantes y temen que luego del cambio de mandatos, comiencen las embestidas para desplazarlos. ¿ Incentivarán o, al menos, dejarán Kirchner y Solá que prosperen esas maniobras? Tanto desde la Casa Rosada como desde La Plata dijeron que no, que defenderán la «institucionalidad». La respuesta sólo la dará el tiempo.




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