En primera persona: viendo morir las sequoias gigantes de 1.000 años

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La profesora estadounidense Kelsey Lahr trabaja en el Parque Nacional Yosemite desde hace 12 veranos. Durante los últimos tiempos percibió que algo está cambiando.

El Parque Nacional Yosemite está situado entre los picos de la cadena de montañas de la Sierra Nevada, en el este de California, tiene más de 3.000 kms2 de superficie y es visitado cada año por más de 4 millones de turistas. Declarado Patrimonio de la Humanidad en 1984, sus paisajes se elevan desde los 600 hasta los más de 4.000 metros sobre el nivel del mar y albergan tres imponentes bosques de sequoias gigantes. Muchos de estos árboles miden más de 100 metros y tienen 1.000 años de edad y otros existen desde hace mucho más, antes del comienzo de la civilización occidental.

La profesora estadounidense Kelsey Lahr trabaja allí como guardaparques desde hace 12 veranos y durante los últimos tiempos percibió que algo está cambiando. Un cambio que no puede identificar del todo, que intentó describir en distintas narraciones – también es escritora y una reconocida divulgadora sobre temas ambientales- pero que podría ser la señal de un universo que comienza a extinguirse. “Nuestros hijos y nietos heredarán un mundo agotado, y eso es una tragedia”, lamentó en diálogo con Ámbito.

“El bosque será completamente diferente”

“He visto una gran cantidad de cambios en Yosemite desde que comencé a trabajar en 2008”, cuenta. “Lo más obvio es que tuvimos muchos períodos largos de sequía cuando casi no recibimos nieve en el invierno, lo que ha llevado a que algunos ríos del parque caigan a niveles extremadamente bajos, casi secos”, detalla. También, debido a las sequías, se produjeron algunos incendios forestales sin precedentes. Aunque aclara que “el fuego es una parte normal y natural del ecosistema de Yosemite”, la preocupación radica en que “el entorno no está adaptado a incendios muy grandes, que es lo que vimos en los últimos años. En algunos casos, fueron tan intensos y calientes que esterilizaron el suelo”.

Kelsey está viendo morir sequoias sin saber por qué, aunque piensa que “es muy probable que esté relacionado con el rápido cambio climático. “Estos árboles sobrevivieron a sequías pasadas, incluso muy largas y fuertes y espero que continúen sobreviviendo. Me pone muy triste considerar la posibilidad de que nuestros nietos no puedan ver sequoias gigantes”.

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Desde hace décadas, Yosemite recibe millones de turistas cada año.

Desde hace décadas, Yosemite recibe millones de turistas cada año.

Finalmente, la sequía provocó una plaga indeseable y peligrosa: los escarabajos de la corteza de los pinos. “Debido a que los inviernos ya no son lo suficientemente fríos como para matar a los escarabajos, y los árboles están estresados por la falta de agua, perdimos millones de pinos. Hasta ahora no hemos visto en Yosemite que las sequoias mueran por una infestación de escarabajos, pero está pasando en otros parques y probablemente lo veremos en el futuro. Esto tuvo un impacto realmente importante en la apariencia del paisaje. En lugar de verde, miro y veo pinos muertos, en su mayoría marrones. Eventualmente caerán y el bosque será completamente diferente”, imagina.

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Un breve paseo por los gigantes de Yosemite.

En un balance general, Lahr aclara que “la mayoría de las sequoias gigantes parecen ser saludables, los cambios son muy sutiles y no son visibles en todas ellas. Sin embargo, en algunos grupos las copas de los árboles están adelgazando un poco, lo que significa que están perdiendo parte de su follaje. Otros muestran un follaje dorado que no es normal. Está claro que no todas las sequoias están muriendo y quizás como especie pueden adaptarse al cambio climático. El problema es que simplemente no lo sabemos”.

“Incluso si las sequoias sobreviven durante unos cientos de años más, muchas otras especies se perderán y ya se han perdido. Nuestros hijos y nietos heredarán un mundo agotado, y eso es una tragedia”, lamentó.

“Debemos abordar la crisis climática”

En el medio del desastre de contagios de coronavirus a nivel mundial, Lahr encontró en la crisis sanitaria algunos signos de esperanza. “Me alienta ver que es posible una acción coordinada global. Ante una amenaza urgente, la mayoría de los países adoptaron medidas rápidamente e invirtieron los fondos necesarios para proteger a sus ciudadanos. También se compartieron bastante información y recursos. Eso me dice que es posible responder a las crisis ambientales, el problema es que el cambio climático no se considera una amenaza urgente”, explica.

Ante ese escenario, considera que es urgente “reestructurar completamente la sociedad para abordar adecuadamente la crisis climática”.

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"El bosque será completamente diferente", anticipa.

Su mayor crítica radica en que “el capitalismo exige y recompensa el consumo sin fin, y eso simplemente no es posible frente al catastrófico cambio climático. Entonces, economías enteras tendrían que transformarse para reflejar que el consumo sin fin es insostenible”. Lahr se base en un puñado de políticas clave:

  • “Girar hacia las economías locales, lo que significa consumir alimentos y otros cultivados localmente, para reducir el envío de larga distancia e internacional”.
  • “Invertir en tecnologías más ecológicas para aumentar drásticamente nuestra capacidad de energía eólica y solar y reemplazar los combustibles fósiles”.
  • "Reducir nuestras emisiones de CO2 de manera dramática e inmediata”.
  • “Consumir menos productos animales, que tienen una huella de CO2 mucho mayor que una dieta basada en vegetales”.

Aunque para tener éxito, afirma, deberían estar basadas en decisiones colectivas: “No podemos esperar que las acciones de los individuos resuelvan todo. Si logramos coordinarnos, podríamos tener la oportunidad de combatir el cambio climático antes de que destruya la vida de las generaciones futuras y muchas otras especies”.

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