19 de abril 2007 - 00:00

Cobran hasta $ 40 por un lugar en la calle, según cara y auto

«La Policía nos saca 30% de lo que juntamos; por eso cobramos caro.» Una afirmacióncasi imposible de comprobar, pero que los «trapitos» repiten sin dudar.En las inmediaciones de River Plate, el negocio ronda los $ 180.000 mensuales;parece poca plata para que se involucren altos funcionarios.
«La Policía nos saca 30% de lo que juntamos; por eso cobramos caro.» Una afirmación casi imposible de comprobar, pero que los «trapitos» repiten sin dudar. En las inmediaciones de River Plate, el negocio ronda los $ 180.000 mensuales; parece poca plata para que se involucren altos funcionarios.
Es la una de la tarde del domingo; llovizna; en tres horas se abrirán las puertas del estadio de River Plate para el Quilmes Rock y faltan al menos cuatro para que comiencen a llegar los primeros espectadores en auto. Sin embargo, debajo del puente Angel Labruna, que conecta la avenida Lugones con la Udaondo, ya se reúnen los primeros «cuidacoches» para comenzar a repartirse el territorio en que desarrollarán su negocio.

En principio son unos treinta, pero se sabe que hay otros puntos de reunión: Cazadores y Olazábal, Barrancas de Belgrano, Libertador y Campos Salles. Puntos que varían según la presión que ejerza ese fin de semana alguna de las comisarías con jurisdicción en la zona.

¿Quiénes deciden qué cuadra es para cada grupo (por lo general «trabajan» de a tres o cuatro, y una vez que llenan una manzana se desplazan a la siguiente). La fuerza: el más «pesado» ejerce liderazgo y decide quién va adónde. De todos modos, es una cuestión de consenso: no hay mejores ni peores cuadras. Diferente sería si alguien que no pertenece al grupo se aventurara a tratar de «copar» una zona asignada.

La tarifa que se cobrará es libérrima, dentro de ciertos parámetros: depende del auto y -sobre todo- del perfil del conductor. Si es una mujer o un hombre maduro con chicos, el precio sube porque las posibilidades de encontrar resistencia son menores. En cambio, si se trata de un grupo de cuatro o cinco jóvenes que al concierto ya llegan «colocados» la tarifa se « conversará» justamente para evitar problemas. Desde ya, un Audi Quattro pagará mucho más que un Renault 4. Son democráticos los cuidacoches.

En todos los casos el mensaje es el mismo: «Son veinte pesitos, amigo» (con las consiguientes variantes en los términos y el precio). Si hay protestas (casi siempre), el mensaje se completa: «Mirá, macho: si no te gusta, llevátelo; cuando volvás podésencontrarlo roto, rayado, o a lo mejor hasta te lo afanan». Noventa y cinco de cada cien aceptan el convite...

El récord para estos estacionamientos callejeros lo marcó el último torneo de la ATP (la Copa Telmex) en el Buenos Aires Lawn Tennis Club: allí los «cuidacoches» llegaron a cobrar $ 40 por «permitir» estacionar sobre las plazoletas que rodean el club. En el recital de Roger Waters se cobraron hasta $ 25; el domingo en el superclásico costaba de $ 10 a $ 15 dejar el auto en veredas y calles; a la misma hora, en el Quilmes Rock, se pagaba hasta $ 20, pero el promedio era bastante inferior a esa cifra (había pocos autos por el perfil juvenil del público).

Los expertos dicen que en Boca la actividad está mejor organizada y tiene « códigos» que en River y La Rural no existen: los «cuidacoches» se quedan hasta el final, aceptan cobrar una vez terminado el partido y efectivamente tratan de resguardar los vehículos de algún daño o pequeño robo. Además, muchos plateístas de La Bombonera se han hecho clientes de un «trapito» determinado; a esos, el domingo seguían cobrándoles $ 7, lo mismo que pagan cada fin de semana, a pesar de que el partido con River y la consiguiente suba de la demanda ameritaba un incremento en la tarifa.

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