Distinguen en EEUU a científica argentina que desarrolló test para Covid-19

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Se trata de Carla Finkielstein, quien recibió el máximo honor que otorga el Virginia Tech. Con su kit, ayudó a controlar la propagación del virus SARS-CoV-2 en un distrito.

La científica argentina Carla Finkielstein, radicada en EEUU desde 1998, fue reconocida con el Premio Ut Prosim Scholar por su trabajo para la identificación de coronavirus, SARS-CoV-2, con el apoyo del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Viriginia, más conocido como Virginia Tech.

Se trata del mayor honor que se otorga a un Profesor Universitario en el Virginia Tech y que tiene el aval de las autoridades del Estado

Según detalló la agencia CyTA Leloir, Finkielstein ayudó a controlar la transmisión de Covid-19 en un distrito de Virginia de 280.000 habitantes, mediante el desarrollo de un kit robusto, sensible y especifico autorizado por la FDA de Estados Unidos, con el cual se hicieron desde entonces más de 120.000 determinaciones.

“A fines de marzo de 2020 supimos por las noticias que no habría suficientes kits y el virus comenzaba a propagarse rápidamente. Era claro que en cuestión de tiempo aparecería en nuestro distrito, una zona rural con poco acceso a cuidados médicos intensivos, un escenario sociogeográfico que en ausencia de capacidad de testeo se convertiría en una ‘tormenta perfecta’”, recuerda en diálogo con la Agencia CyTA-Leloir.

Finkielstein, quien es bióloga molecular porteña egresada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y jefa de un laboratorio especializado en el estudio del cáncer en Virginia Tech, señaló: “Si bien no soy viróloga, pensé que estudiando cómo funcionaban los kits de PCR en tiempo real (RT-PCR) comerciales, podía desarrollar uno e incluso mejorar su sensibilidad y especificidad. Y, en una carrera contra el tiempo, lo logramos”, afirmó. Aquí, la entrevista completa.

Periodista: ¿Podría contar cómo era el escenario que la impulsó a desarrollar el test para COVID-19?

Carla Finkielstein: Al poco tiempo de declarada la pandemia por la OMS, en EEUU estaba disponible de manera limitada un kit de RT-PCR para detectar SARS-CoV-2, el virus responsable del COVID-19, desarrollado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que dependen de los Institutos Nacionales de Salud (NIH). Al poco tiempo de la distribución de esta primera versión del kit, se descubrió que tenía un problema de diseño y que los resultados eran sesgados. Mientras tanto, las dos compañías más importantes en Estados Unidos que centralizaban la realización de test clínicos privados en el país, se vieron saturadas por la demanda de test para Covid-19. Cuando el Departamento de Salud de nuestro distrito enviaba les enviaba las muestras para análisis, los resultados se reportaban con al menos 10 días de demora. Desde el punto de vista de salud pública, donde el objetivo es identificar a la persona infectada y aislarla lo antes posible para contener la propagación del virus, la falta de resultados rápidos y de confianza limitaba cualquier acción que el Departamento de Salud pudiera tomar para contener la pandemia en nuestra región.

P.: ¿Cómo es la composición demográfica del distrito?

C.F.: Somos 280.000 personas, de las cuales 80.000 integramos el campus universitario, profesores, estudiantes y personal de apoyo. La mayoría del resto es población rural. Es una zona pobre del país, en su mayoría con gente mayor porque los jóvenes van a las ciudades a buscar mejores oportunidades. Digamos que, por razones políticas, socioeconómicas y geográficas, no éramos una región prioritaria para la realización de los testeos orientados al control de la transmisión del virus. Además, teníamos el problema de que nuestro distrito tiene solo 30 camas de cuidado intensivo. Un solo brote de la enfermedad en geriátricos, centros de rehabilitación o prisiones de las zona y nos quedábamos sin capacidad hospitalaria.

P.: ¿Podría describir el test que desarrolló?

C.F.: Es un test RT-PCR, es decir, de amplificación del material genético del virus que se diferencia de otros en su versatilidad y especificidad ya que detecta varios genes del virus simultáneamente. La nueva versión del test informa la variante del virus que infecta al paciente. Arroja resultados en tres horas y no solo se emplea para controlar la transmisión de SARS-CoV-2 en nuestro distrito sino que su uso se ha expandido a 7 distritos del Estado de Virginia que en conjunto representan 1 millón de personas.

P.: ¿Cómo fue el camino desde su diseño hasta la autorización por la FDA?

C.F.: Estudié cómo funcionaban los test comerciales de RT-PCR, elegí lo que me gustaba de cada uno y le adicioné algunas cosas que me parecía serían importantes para poder facilitar su implementación sin comprometer la sensibilidad y especificidad del ensayo. Algo que siempre tuve claro es que el desarrollo debería poder hacerse con herramientas básicas de laboratorio así no dependíamos de ningún tipo de material o químico que estuviera en falta. Suena un poco raro esto ahora pero cualquier persona que estuvo en un laboratorio durante la pandemia puede garantizar que las cosas más básicas estaban en falta. El objetivo era poder darle al Departamento de Salud resultados confiables de las muestras que nos traían a las pocas horas. Ese trabajo de cooperación permitió refinar el desarrollo de nuestro kit hasta que vimos que su desempeño era excelente.

P.:¿Qué tipo de dificultades enfrentaron?

C.F.: Como pasa en todos los casos, por supuesto encontramos problemas cada vez que comenzábamos algo, pero creo que ninguno de los voluntarios que se sumaron a esta idea estaba dispuesto a dejar las cosas por la mitad. Un día teníamos que empezar a probar si el test funcionaba con muestras obtenidas de pacientes con hisopos. Algo realmente trivial hasta que descubrimos que no había ni un solo hisopo (literalmente) en más de 100 millas a la redonda. No solo eso, del día a la noche, Estados Unidos pasó a tener falta de hisopos para colectar muestras, algo absolutamente inconcebible en condiciones normales.

P.:¿Cómo superaron ese problema?

C.F.: Nuestra Universidad es muy fuerte en el área de Ingeniería y desde el comienzo nuestros colegas pusieron todo a nuestra disposición. Así que pedimos que nos prestaran unas impresoras para hacer esterolitografía en 3D e imprimimos los hisopos que se necesitaban para colectar las muestras. A eso le sumamos el desarrollo de un líquido para transportar la muestra que era estable a temperatura ambiente por días a altas temperaturas y, de esa manera, el Departamento de Salud podía ir a áreas rurales en la montaña, colectar el material, y traerlo para el análisis.

P.:¿Qué sistema desarrollaron para la identificación de tantas muestras?

C.F.: La gente de ciencias de la computación creó varios programas que nos permitían leer códigos en los tubos que mandábamos, incorporarlos en una planilla, adicionar los resultados y combinarlo con el sistema que usaba el departamento de salud donde estaba toda la información del paciente. Así, unas pocas horas después que la muestra llegaba al laboratorio, los epidemiólogos sabían el resultado y el estado del paciente y quedaba en ellos seguir con la tarea.

¿Cómo fue el proceso de autorización del test?

C.F.: Creo que si hubiéramos sabido de antemano todos los papeles que íbamos a tener que llenar, nadie empezaba, así que la ingenuidad fue la llave del éxito. La universidad nos ayudó muchísimo desde el comienzo. Nos solo nos dio recursos económicos y humanos para poder desarrollar el test sino que nos dio todo el apoyo legal que necesitábamos para navegar la burocracia científica que implica aplicar para la autorización de uso de nuestro test en la FDA.

¿Qué hicieron para lograr ese objetivo?

C.F.: El proceso de aplicación requiere, como debe ser, una serie de estudios que cubren un espectro muy amplio. Desde la identificación de la cantidad mínima de partículas que pueden ser detectadas por nuestro ensayo (10 en nuestro caso) a verificar que no reacciona con otras enfermedades virales y bacterianas que producen los mismos síntomas (más de 30 enfermedades listadas). Después teníamos que probar que puede detectar todas las variantes de coronavirus que estaban circulando en el mundo, un ensayo que nos pedían que repitiésemos cada 2-3 meses. Para poder hacer todos los estudios solicitados por ese organismo, tuve ayuda de estudiantes de posdoctorado de mi laboratorio y de otros grupos. Trabajábamos toda la noche, los 7 días de la semana, cada subgrupo de nuestro equipo se encargaba de los experimentos de una parte de la aplicación. Cuando mandamos todo y pasamos a los revisores de la FDA, la celebración duró 10 minutos. Enseguida nos dijeron que antes de poder usarlo masivamente teníamos que pasar un test adicional en el cual nos mandarían muestras ciegas de todo tipo y que teníamos que reportar los resultados que obteníamos con nuestro test. Pasamos con el 100% de aciertos y por lo tanto fue autorizado.

P.: ¿Dónde se usa su test?

C.F.: El ensayo se usa por ahora solo en Virginia simplemente porque no pedimos autorización para expandirlo a otros estados. Estábamos totalmente enfocados en tener algo funcional que nos sirviera para resolver el problema que se nos venía encima. Pedir autorización para aplicarlo en otros Estados hubiera causado un retraso en nuestra autorización.

P.: Además de crear el kit, pusieron en marcha un laboratorio de análisis de muestras.

C.F.: Sí. Hacia fines del verano era claro que el número de infectados crecía en nuestro estado y que el Ministerio de Salud de Virginia no tendría capacidad para hacer el test a todos sus ciudadanos. Fue entonces cuando este organismo llamó a un concurso para establecer una red de laboratorios de análisis, nos presentamos y fuimos uno de los 3 laboratorios seleccionados. Nuestro laboratorio cubre ahora un tercio de todo el territorio estatal. Analizamos cerca de 2000 muestras por día. No solo ayudamos a controlar la transmisión del coronavirus en nuestro campus y en nuestro distrito, sino también en otros distritos. Por esta razón, el Estado de Virginia puso a nuestra disposición un sistema de transporte (combis) con refrigeradores para traer las muestras desde lugares que están a varias horas de distancia de nuestro laboratorio. A las 6 AM comenzamos a analizar las muestras y para las 5 PM están reportados todos los resultados. Ahora nuestros kits se emplean para controlar la propagación en una población de un millón de personas distribuidas en varios distritos del sudoeste de Virginia.

P.: ¿Qué peso tuvo su formación en Argentina en el desarrollo del kit?

C.F: Creo que cada una de las etapas científicas que experimenté en mi carrera ha contribuido en diferente forma. Claramente, la excelente formación que otorgan las universidades públicas de nuestro país, en particular la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y mi experiencia doctoral en la Facultad de Medicina de la UBA se ven reflejadas en cada paso del proceso que he desarrollado. También mucho del trabajo de investigación que hacemos en nuestro laboratorio tuvo un impacto importante en ciertos aspectos del desarrollo. Creo que es posible desarrollar este tipo de tecnologías que se necesitan en situaciones extremas cuando alguien tiene una experiencia profesional multidisciplinaria como es mi caso. Pero hay algo más importante, realmente creo que solamente una persona latinoamericana puede ingeniárselas para hacer mucho, para resolver con poco. Los latinos somos gente muy especial, lástima que no nos damos cuenta.

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