El oficial Facundo Matías “Cachorro” Torres, de 26 años, está acusado de haber proporcionado un arma de utilería, que posteriormente fue ubicada en el vehículo donde viajaba Lucas González, el joven futbolista que fue asesinado a tiros. Este miércoles, la fiscalía pidió una pena de seis años de prisión para el policía.
Crimen de Lucas González: piden 6 años de prisión para el policía que plantó el arma
Además, solicitaron la inhabilitación del oficial por 10 años para ejercer funciones públicas y portar armamento.
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Lucas González fue asesinado por la policía mientras iba a bordo de un auto.
Torres enfrenta el cargo de ''encubrimiento agravado'', así como también la participación en delitos de ''falsedad ideológica y privación ilegal de la libertad''. En junio del año pasado, mediante una de las audiencias por el juicio, Héctor Claudio Cuevas declaró que algunos de sus compañeros de la fuerza idearon el plan de plantar un arma de juguete en el auto donde viajaban Lucas y sus amigos, con el fin de evidenciar un ''enfrentamiento''.
De esta manera, el fiscal Sandro Abraldes pidió la pena de seis años de prisión para Torres, además de su inhabilitación por 10 años para ejercer funciones públicas y para portar armas. Asimismo, solicitó que el tribunal declare que Lucas González y sus amigos fueron víctimas de violencia institucional y policial, descartando una participación en un enfrentamiento.
Cronología del caso
El 17 de noviembre de 2021, Lucas y sus amigos Joaquín Zúniga, Julián Salas y Niven Huanca volvían desde el club a sus respectivas casas en el barrio San Eduardo, de Florencio Varela. Después de parar a comprar en un kiosco, el Volkswagen Suran en el que iban fue interceptado en el cruce de la avenida Iriarte y Vélez Sarsfield por un Nissan Tiida del que bajaron tres hombres que les apuntaron con pistolas.
Estas personas pertenecían a la Policía de la Ciudad y eran el inspector Gabriel Alejandro Issasi, el oficial mayor Fabián Andrés López y el oficial Juan José Nieva, pero no llevaban ningún tipo de identificación. Los jóvenes creyeron que se trataba de un robo, por lo que huyeron. Allí empezó una persecución que terminó con cinco disparos desde el auto policial, uno de los cuales impactó en la cabeza de Lucas González.
Comienzo del juicio
El juicio en el que los tres policías implicados fueron imputados como coautores de los delitos de “homicidio agravado por haber sido cometido con alevosía, por placer, por odio racial, por el concurso premeditado de dos o más personas y por cometerse abusando de su función o cargo por un miembro de una fuerza policial” comenzó el jueves 16 de marzo.
Además, otros 11 efectivos estaban acusados por encubrimiento y torturas hacia los amigos de la victima. Los involucrados son: Daniel Alberto Santana, comisario inspector del Departamento Comunal Vecinal 4 de Barracas; su colega del mismo rango Rodolfo Alejandro Ozán; los comisarios de esa dependencia, Fabián Alberto Du Santos, Juan Horacio Romero y Jesús Chocobar. También Roberto Orlando Inca, de la División Sumarios y Brigadas de la dependencia, el principal de la Comuna 4D, Héctor Claudio Cuevas; y los oficiales de la Comisaría Vecinal 4D Sebastián Jorge Baidón, Jonathan Alexis Martínez, Ángel Darío Arévalos y Daniel Rubén Espinosa.
En sus declaraciones, todos los acusados coincidieron en que "actuaron en cumplimiento del deber".
Declaraciones de los allegados a la víctima
En esta etapa, declararon los padres y los amigos de la víctima, que se encontraban junto a él al momento del asesinato. Durante su testimonio, Cintia López, madre de Lucas, aseguró que cuando vio a su hijo internado en el hospital antes de morir, "estaba irreconocible" y señaló que "cinco policías lo custodiaban como si fuera un delincuente".
Por otro lado, los tres amigos de Lucas dieron su testimonio tanto en su carácter de testigos del asesinato como de víctimas. Todos coincidieron en que fueron torturados y discriminados por los efectivos de la fuerza porteña. "Nos pusieron contra el piso y nos esposaron. Nos empezaron a decir que éramos unos negros de mierda, unos villeritos, y que a personas como nosotros nos tenían que dar un tiro en la cabeza como se lo dieron a mi amigo", expresó Salas, que era el conductor durante el ataque.
"Veo de mi derecha que un vehículo nos empieza a encerrar, por lo que le toqué bocina porque pensé que estaba distraído. Me terminó de encerrar y uno se baja del lado del conductor con un arma, y yo pensé que me iban a robar. En ese momento, empieza a disparar sin sentido. Yo volanteo y me subo a un cordón. Me nublé, no sé cuántos fueron los tiros ni qué pasó", finalizó.
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