19 de octubre 2005 - 00:00

¿Cuánto hay que temer realmente?

¿Cuánto miedo hay que tenerle a la gripe aviar? ¿Es algo así como un asteroide vírico que lleva una trayectoria de choque contra la humanidad? ¿O son este tipo de pronósticos exageraciones sin fundamento?

El domingo, el director de los servicios médicos de Inglaterra y Gales, Liam Donaldson, declaró que es posible que este nuevo tipo de gripe aviar no llegue en todo este invierno (boreal) a Gran Bretaña, pero que llegará en un futuro próximo. Después de haber estado en un hospital en febrero en el mismo pabellón que un vietnamita con gripe aviar y después de haber visitado Ceamurlia de Jos, la localidad de Rumania en que se manifestó un brote reciente, creo que la prudente alarma de Liam está justificada.

El H5N1 (o GenZ, nombre con el que se bautizó a la actual variedad) es, sin ninguna duda, un virus monstruoso. Los pollos infectados con el H5N1 se deshacen por dentro, entre hemorragias internas.

Esta patología no se ha manifestado de manera tan extrema en las personas. Pero del centenar de individuos que contrajeron el H5N1 desde que se manifestó por primera vez en Hong Kong en 1997, 60 murieron, una tasa de mortalidad alarmantemente alta.

Esto no es todo. La cría intensiva de pollos en granjas, combinada con el crecimiento rapidísimo de las poblaciones del sudeste asiático y de los viajes internacionales en avión, dio lugar a lo que un epidemiólogo llamó «la perfecta tormenta virológica».

Hace algunas semanas, David Nabarro, el coordinador de las Naciones Unidas (ONU) para epidemias gripales, anunció una cifra total de 150 millones de posibles muertos en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) salió rápidamente al paso para desmentirla, con el anuncio de que el número correcto sería más bien de entre 2 y 7,4 millones.

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