25 de febrero 2008 - 00:00

Halagar nunca es discriminar

La embajadora de la Argentina en Venezuela, Alicia Castro, dirigió una carta a este diario, cuyo texto brindamos a continuación.

Sr. Director: En su periódico aparece hoy un artículo de contenido injurioso hacia mi persona. Debo decirle que su nota, sin firma del cronista y sin fuente citada, es completamente inexacta.

En la misión que encabezo, estamos muy satisfechos con los resultados de los recientes acuerdos para exportar alimentosargentinos a Venezuela. El evento, parte del cual fue transmitido en directo por la televisión venezolana, tuvo amplia y satisfactoria cobertura de los medios.

Por último, debo destacar el lamentable contenido sexista y discriminatorio hacia la mujer que su artículo destila. Tengo, como Ud. no puede ignorar, una larga trayectoria política.

He sido tres veces reelecta para desempeñar, durante doce años, el cargo de secretaria general de un sindicato; he sido diputada nacional durante ocho años, y hace ya un tiempo que me desempeño como embajadora de nuestro país ante la República Bolivariana de Venezuela. Sin embargo, en la nota aludida se me identifica como una «coqueta azafata», con la indisimulada pretensión de ridiculizarme. Sería positivo que su periódico, especializado en economía, juzgue a la embajadora y a nuestra gestión por sus resultados.

Atentamente Alicia Castro embajadora argentina en la República Bolivariana de Venezuela

No se entiende la razón por la cual la embajadora cree que la nota es injuriosa contra ella. Sólo se habla de su disgusto por no haber aparecido en las fotos, en la Argentina, junto a Julio De Vido y Hugo Chávez. El diario mantiene la información: a la señora Castro le molestó no aparecer en esos registros. La voluntad por figurar no es un agravio. Tampoco el suelto periodístico supone discriminación ni mucho menos contenido sexista contra la mujer; más bien, es un halago calificarla como coqueta azafata. Fue azafata y, por su buen gusto (no olvidar que su mejor amigo es el modisto Gino Bogani), se la puede considerar coqueta. También, claro, se podría agregar que ha sido una coqueta sindicalista y hoy es una coqueta embajadora. No había tanto espacio para esas menciones. En cuanto a su demanda por un tratamiento más denso de su gestión, la nota -mínima, por otra parte- evitó comentarios sobre otros temas relacionados con su tarea diplomática, sea el escabroso tema de las valijas del venezolano Guido Antonini Wilson, las ventas de fueloil, las compras de bonos o el faraónico y nonato gasoducto entre la tierra de Bolívar y Buenos Aires. Pero no faltará ocasión para evaluar la gestión de la embajadora en esas cuestiones. Y en otras. Se lo merece.

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