La reina Beatriz visitó la colonia holandesa en Tres Arroyos

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La reina Beatriz de los Países Bajos realizó ayer una histórica visita a la comunidad holandesa de Tres Arroyos, la más grande del país, que la recibió con ofrendas y un coro de niños que interpretó canciones en su idioma, en un marco festivo durante las dos horas que permaneció en la ciudad.

Luego de una mañana húmeda y gris, el cielo comenzó a despejarse cuando el Tango 02 iniciaba las maniobras de aterrizaje en el aeropuerto comunal, 500 kilómetros al sur de Capital Federal, y la reina bajó del avión bajo un sol radiante, junto a su hijo, el príncipe Guillermo, y la princesa Máxima.

La soberana de la casa Orange-Nassau, quien vestía un conjunto con flores rojas y azules sobre fondo claro y un sombrero azul oscuro, de ala angosta, recibió allí las llaves de la ciudad de Tres Arroyos, de manos del intendente, Carlos Sánchez.

Máxima, bajo un amplio sombrero, lucía una blusa color terracota sobre la que llevaba un collar de grandes cuentas de igual tono, y un pantalón beige que hacía juego con el sombrero.

Guillermo estaba enfundado en un traje azul, con camisa blanca y corbata celeste.

También en el aeropuerto, un grupo de niños con ropas típicas holandesas y argentinas dio la bienvenida a los visitantes y los varones entregaron ramos de flores a la reina y a la princesa, mientras las niñas hicieron lo mismo con Guillermo.

De allí un comitiva de media docena de autos se dirigió hacia el Colegio Holandés, custodiada por motos y patrulleros de las policías Federal y Bonaerense, que gracias al cierre del tránsito en las avenidas principales, como San Martín y Belgrano, pudo circular a unos 80 kilómetros por hora por el centro de la ciudad.

El patio del Colegio Holandés parecía un hormiguero desde temprano, con cientos de niños ansiosos por participar del acto, los docentes, decenas de periodistas y gente de seguridad.

Algunos de los 40 periodistas holandeses que llegaron esta mañana intentaban hablar con los chicos en su idioma, pero sólo les sacaban palabras sueltas aprendidas en el hogar, ya que desde hace varios años el Colegio Holandés no enseña esa lengua sino inglés.

Afuera, los vecinos de la cuadra observaban los movimientos desde sus casas, mientras un centenar de personas llegó de otros barrios para ver a los visitantes, y se acomodó en unas gradas montadas junto a la entrada para los periodistas, que para entonces ya estaban dentro del colegio.

Beatriz descendió de un Mercedes Benz gris plata y los príncipes de uno azul oscuro frente al portón de rejas verdes, embanderado con las enseñas argentina y holandesa.

La reina fue recibida por el presidente de la comisión directiva del establecimiento, Antonio Kolen, y junto a él avanzó por el pasillo bordeado de niños que agitaban banderas holandesas, bajo palmeras, naranjos y una alta araucaria.

Los alumnos del primario vestían equipo de educación física, con pantalón azul y remera blanca con las iniciales CH en el pecho, y los de jardín de infantes guardapolvos azules con el escudo del colegio.

Muchos de los presentes saludaron a los visitantes o llamaban a Máxima por su nombre y tomaron fotografías, mientras los chicos cantaban el "Feliz Cumpleaños" en holandés.

Un docente explicó que ésa era la única canción que sabían los niños en el idioma de la reina.

Unos metros detrás de Beatriz y Kolen, Guillermo y Máxima los siguieron hasta la carpa blanca, de unos 30 metros por 10 -montada entre dos pequeñas canchas de fútbol- para el encuentro con miembros de la comunidad holandesa.

Dentro de ese recinto, unas 220 personas, divididas en grupos según su actividad (productores, cooperativistas, amas de casa, comerciantes, entre otras) fueron saludados por la reina o los príncipes y compartieron con ellos un copetín, con vino y champán.

Aunque estaba previsto que la reina recibiera a la gente en un lugar fijo, Beatriz se paseó entre los grupos, saludó a los invitados e intercambió algunas palabras con ellos.

Después de poco más de una hora de calma en el patio -mientras la reina y príncipes permanecían en la carpa- un nuevo timbre llamó a los chicos a conformar el cordón.

Minutos después los miembros de la familia real salieron del colegio y subieron a sus vehículos para dirigirse al aeropuerto, con lo que terminó la visita histórica de la monarca a Tres Arroyos, que se supone será la primera y la última, según la cónsul de Holanda en la ciudad, Ida Van Mastrigt.

La diplomática y principal organizadora de la visita, señaló que "un encuentro de este rango dentro de las actividades oficiales se hace una sola vez".

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