21 de abril 2010 - 23:52
Lo condenan a perpetua por huella digital en aerosol
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Padre e hijo regresaban luego de una jornada de trabajo en su pizzería de Pilar rumbo a su casa de Olivos cuando fueron interceptados por un auto Fiat Uno rojo del que bajaron tres delincuentes con fines de robo.
El chico contó ante el tribunal que pese a que ellos no se resistieron, el delincuente que se aproximó por el lado del conductor disparó directamente y así asesinó a su padre. Guidotti murió en el acto al recibir un disparo que destruyó la ventanilla, ingresó por su hombro izquierdo, atravesó sus pulmones y salió por su espalda.
Según el adolescente, el delincuente que abrió la puerta del lado del conductor, fue el que revisó los bolsillos de su padre y también abrió la guantera y desparramó todo lo que allí había, incluido el aerosol.
Los delincuentes robaron un celular del adolescente, un reloj de su padre que quedó tirado en la escena del crimen y se estima que le sacaron a la víctima unos 2.000 pesos de la recaudación de aquel domingo a la noche.
El caso fue investigado por el entonces fiscal de instrucción de Pilar Alejandro Musso que ante ese hallazgo en el aerosol, ordenó que esa impronta dactilar fuera cargada en el sistema AFIS, la base de datos de delincuentes con antecedentes.
En un primer momento la búsqueda dio resultado negativo, pero en junio de 2009, un año y cuatro meses después del crimen de Guidotti y a partir de la insistencia del fiscal, el AFIS le puso nombre y apellido al dueño de esa huella: Pablo Daniel Reboredo. Las huellas de Reboredo habían sido cargadas en el AFIS pocas semanas antes de esta coincidencia, cuando el gomero quedó imputado por un asalto ocurrido el 12 de diciembre de 2008 en una fábrica de Benavídez, partido de Tigre.
En aquel hecho, tres ladrones asaltaron una fábrica, la policía detuvo a dos sospechosos, pero un tercer asaltante escapó y se le cayó el DNI que resultó ser el de Reboredo, que así quedó imputado por robo calificado.
Durante el juicio, Reboredo presentó como coartada que él solía reparar las gomas pinchadas de los motoqueros que hacían el "delivery" en la pizzería de Guidotti y que en una de esas oportunidades pudo haber tocado el aerosol porque los neumáticos se los llevaban hasta la gomería en el auto de la víctima.
"Sólo por la huella encontrada se me acusa. Lo que me pasó fue una casualidad de la vida, sólo por el hecho de emparchar las ruedas", dijo el imputado en su indagatoria, según el fallo.
Los jueces descartaron de plano esta posibilidad al explicar que de acuerdo a lo declarado por la mayoría de los empleados de Guidotti, las ruedas de las motos eran cargadas en el baúl del auto y que el aerosol limpiavidrios estaba guardado en la guantera.
A partir de la huella, los jueces dieron por probada la autoría del crimen por parte del imputado y lo condenaron a prisión perpetua, tal como había solicitado en su alegato el fiscal del juicio, Leonardo Loiterstein.




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