5 de diciembre 2006 - 00:00
Lo esperable
La hermana de Guillermo Ibáñez, el hijo del sindicalista a quien secuestraron y dieron muerte hace 16 años en Mar del Plata, escribió una carta en la que lamenta y llora la liberación de esos asesinos, la semana pasada. Se pregunta allí si la denegación de justicia que supone esa tolerancia al delito arrojará a las víctimas o a sus familiares en brazos de la barbarie. Las obligará, a la larga, a vengar los crímenes con las propias manos. La respuesta a esa carta de Alicia Ibáñez (ver vinculada) llegó desde Córdoba, antes de lo previsto. En Corral de Bustos, una turbamulta de vecinos, enardecida, quemó el juzgado en el que se había dispuesto la libertad de un sospechoso por la violación y muerte de una menor, recién sepultada. El azar, no más que eso, impidió que hubiera víctimas entre los funcionarios. La confianza quebrantada en el sistema de seguridad y la parálisis de las autoridades ante el crimen sin castigo prometen lo esperable: dispersión de la violencia, lapidación para quien se presume culpable, reemplazo del Estado por la comunidad electrizada. Regresión y barbarie, como dice aquella carta.
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El sábado a la madrugada, la madre de la nena, su pareja y un hermano de éste presuntamente estaban en una casa tomando alcohol. La mujer fue hacia un quiosco cercano a comprar cervezas y dejó a su hija al cuidado de los dos hombres. Cuando regresó a la casa, la mujer encontró a la pequeña desvanecida.




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