23 de julio 2011 - 08:53
Los porteños se ponen los patines (de hielo)
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Podrán patinar unas cien personas a la vez.
Una costumbre europea con antecedentes locales
La idea se relaciona rápidamente con la postal del Central Park en Nueva York o la Plaza Roja de Moscú. O el espectacular "Sueño de hielo vienés", la denominación nada modesta de una de las mayores pistas de patinaje sobre hielo al aire libre de Europa. Funciona cada invierno en la Plaza del Ayuntamiento de la capital austríaca y tiene 5.400 metros cuadrados (equivalente a unas diez pistas porteñas).
El ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, se entusiasma: "La ciudad tiene que soñar a lo grande. Esto es un sueño que se hace realidad y el disparador de varios más que estamos pensando a futuro". Un sueño, podría decirse, que ya fue soñado alguna vez.
Como un homenaje fruto de la casualidad, se cumple este año exactamente un siglo desde que el edificio del Palais de Glace -cercano a la plaza y hoy día utilizado como centro de exposiciones- fuera inaugurado como club social y pista de patinaje sobre hielo, uno de los pasatiempos de la "high class" de aquel tiempo.
Tomando como modelo a su homónimo parisino, la pista circular ocupaba el salón central, a sus alrededores se distribuían palcos, y en el subsuelo las máquinas que fabricaban el hielo. Su techo abovedado, que aún conserva, estaba destinado a darle luz natural. Pero promediando la década, el entusiasmo por el patinaje decayó y el Palais se transformó en una elegante sala de baile de tango.
Pero fue mucho más cercana, hace dos décadas, la ola de furor por las pistas de hielo que vivió Buenos Aires: se contabilizan entonces una veintena de ellas en la Ciudad. Recuerdos inexistentes para chicos y adolescentes, que la observarán posiblemente como una auténtica extrañeza.



