Los porteños se ponen los patines (de hielo)

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Cada vez hay más porteños que aprovechan los fines de semana para abrocharse los patines y dar un paseo sobre ruedas en el Rosedal. Pero esta vez tendrán un delgado filo plateado en la base y el escenario se trasladará a la helada alfombra blanca que cubre desde hace unas horas la plaza Uruguay.

Desde hoy, y por un mes, las acrobacias y las caídas se sucederán en partes iguales sobre los 450 m2 del imperfecto cuadrado que delimitan las calles Austria y Tagle con las avenidas Del Libertador y Figueroa Alcorta. Funcionará de 9 a 12 y de 14 a 21.

El proceso para "fabricar" la pista asombra por su sencillez: se riega día y noche mientras el suelo frigorífico -trabajando a -12° de temperatura- va formando capa a capa el manto helado. En un día, aproximadamente, se puede tener lista una superficie como la de Recoleta, explican los dueños de la empresa encargada de la puesta a punto de la pista.

"Instalamos pistas de de 300 metros cuadrados para arriba, muchas de ellas en España, donde los municipios suelen organizar actividades de este tipo. La pista es completamente ecológica y cumple con las normativas europeas en el tema", cuenta Marcelo Mascaro, representante de Very N´Ice. No hay límites de edad para animarse, pero como ellos serán también los encargados de entregar los patines a los asistentes, hay un detalle a tener en cuenta: el talle menor es el equivalente a un calzado número 30 (el mayor un 46).

Se darán turnos de 30 minutos por persona, por orden de llegada, y una cantidad de cupos serán reservados para menores de 12 años. De acuerdo a la extensión de la pista se estima que unas 100 personas a la vez pueden desplazarse sin problemas, aunque si la mayor proporción es de adultos la capacidad de incrementa "a 150 o 200 personas", debido a que -se supone- la probabilidad de choques y accidentes es menor. De todas formas, habrá "profesores" para los debutantes y "resbaladizos" que no hagan pie.

Montar la carpeta en la Ciudad costará poco más de u$s 40 mil y, en principio, la idea es retirarla luego del plazo previsto, aunque se sabe que si resulta un éxito (los pronósticos más optimistas esperan recibir unas 50 mil personas) podría permanecer más tiempo.

Una costumbre europea con antecedentes locales

La idea se relaciona rápidamente con la postal del Central Park en Nueva York o la Plaza Roja de Moscú. O el espectacular "Sueño de hielo vienés", la denominación nada modesta de una de las mayores pistas de patinaje sobre hielo al aire libre de Europa. Funciona cada invierno en la Plaza del Ayuntamiento de la capital austríaca y tiene 5.400 metros cuadrados (equivalente a unas diez pistas porteñas).

El ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, se entusiasma: "La ciudad tiene que soñar a lo grande. Esto es un sueño que se hace realidad y el disparador de varios más que estamos pensando a futuro". Un sueño, podría decirse, que ya fue soñado alguna vez.

Como un homenaje fruto de la casualidad, se cumple este año exactamente un siglo desde que el edificio del Palais de Glace -cercano a la plaza y hoy día utilizado como centro de exposiciones- fuera inaugurado como club social y pista de patinaje sobre hielo, uno de los pasatiempos de la "high class" de aquel tiempo.

Tomando como modelo a su homónimo parisino, la pista circular ocupaba el salón central, a sus alrededores se distribuían palcos, y en el subsuelo las máquinas que fabricaban el hielo. Su techo abovedado, que aún conserva, estaba destinado a darle luz natural. Pero promediando la década, el entusiasmo por el patinaje decayó y el Palais se transformó en una elegante sala de baile de tango.

Pero fue mucho más cercana, hace dos décadas, la ola de furor por las pistas de hielo que vivió Buenos Aires: se contabilizan entonces una veintena de ellas en la Ciudad. Recuerdos inexistentes para chicos y adolescentes, que la observarán posiblemente como una auténtica extrañeza.

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