17 de mayo 2004 - 00:00

Más gendarmes y prefectos vigilarán en el conurbano

El gobierno «bajará» más tropas de Gendarmería y de Prefectura a las «zonas calientes» del conurbano bonaerense en un intento de revertir la tendencia del crimen en ese territorio. La mecánica ya ha dado buenos resultado en los difíciles barrios de La Cava o Fuerte Apache, pero significa desguarecer puntos fronterizos, lo cual ha comenzado a preocupar a los gobiernos regionales.

En el conurbano bonaerense ya hay 2.000 efectivos de Gendarmería y unos 1.000 de Prefectura, que ha sido desplazada de su tarea habitual de cuidar las costas para patrullar el territorio bonaerense. A esas cifras hay que sumarles varias decenas más de hombres que integran las fuerzas de paz y que -según lo dispuso el gobierno-serán enviados a la conflictiva Haití.

El desplazamiento de fuerza se hace pensando en la futura Agencia Nacional de Seguridad e Investigaciones que prevé el Plan Integral lanzado por el ministro Gustavo Béliz. Precisamente, el FBI criollo que pretende el gobierno estará integrado por Gendarmería, Prefectura y la Federal, y será el reemplazante natural de la Policía Bonaerense, cuando ésta pase a convertirse en una Policía comunitaria como existe en distritos de Estados Unidos. Después de todo, en el ministerio de León Arslanian se afirma que «la Bonaerense ya no existe».

Sin embargo, reemplazar un ejército de 45 mil hombres no es una tarea sencilla. No hay fuerza armada que tenga esa cantidad de efectivos y muchos piensan que el error de la administración de Kirchner es desmembrar las fuerzas de seguridad, para armar otra con un futuro incierto. Consideran que debió ser al revés, es decir, seleccionar los mejores hombres de esas fuerzas para integrarla a una mucho más especializada.

• Caracteristicas disímiles

El error lo repite con Gendarmería. Trae hombres entrenados para combatir el crimen en la frontera para instalarlo en la ciudad donde la características delictivas son muy disímiles. Pero, además, va despoblando de seguridad las áreas fronterizas. Olvida que las permeables fronteras argentinas son blanco fácil del narcotráfico: en los últimos cinco años se triplicó el uso de drogas y desde hace una década la Argentina dejó de ser un país de tránsito para convertirse en territorio de consumo. Además, en zonas como la Triple Frontera descansan células terroristas dormidas y pesa sobre la Argentina la advertencia de un tercer atentado.

Que haya «fronteras liberadas» es una cuestión que ha comenzado a inquietar a los gobernadores, porque temen que los delincuentes bonaerenses terminen mudándose a su territorios. Se sabe que
el delito adopta esta metodología y que así como los delincuentes producen una mutación de sus crímenes, también van corriéndose hacia las ciudades más descuidadas. Sobre el caso, hay ejemplos concretos: en la Capital Federal los índices delictivos tuvieron una sensible merma no porque se aplicara un plan de seguridad de alto vuelo, sino porque se «taponaron» de policías los ocho accesos de la Ciudad empujando a los delincuentes hasta el segundo cordón del conurbano bonaerense.

Lo mismo ocurrió con el robo de autos, metodología delictiva que fue migrando hacia el interior de la provincia de Buenos Aires. En otras palabras, el tema no se resolvió.

La preocupación no sólo les pertenece a los provinciales. Se va sintiendo, también, en las filas de ambas fuerzas de seguridad. Su hombres son trasladados a esta parte de la Ciudad sin algunas garantías básicas: cobran 25 pesos de viáticos por día, a veces no tienen para viajar en colectivo y muchos terminan viviendo en las villas, donde luego serán enviados a combatir el crimen.

Dejá tu comentario

Te puede interesar