4 de diciembre 2014 - 14:19
"No nos quedamos ni un dólar de lo que era de mi padre"
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Juan Pablo Escobar
J.P.E.: Mi padre siempre fue muy amoroso con sus hijos. Solo recibí amor de él, solamente muy buenos tratos y muy buenos consejos. Por lo cual es muy difícil para mí destilar el mismo odio que otros destilan por él. Nunca me hizo daño directo a mí, así que es muy difícil caer en el juego del odio porque yo de Pablo Escobar sólo recibí amor y lo recibí a través de su presencia, de su amistad, de su compañía, del tiempo que me dedicaba, de las cartas que me escribía. Yo tengo un amor incondicional por él, sobre todo en la sociedad en que fui criado, que reza "honrarás a tu padre y a tu madre".
P.: ¿Pero cómo enfrenta la contradicción de ser "un hombre de paz", como usted se define, y a la vez poder hablar de este amor por su padre?
J.P.E.: Es que para mí no es una contradicción, para mí van de la mano. Que yo sienta un amor incondicional por mi padre no me aleja de ser un hombre de paz. Y tampoco me aleja de saber la realidad de los crímenes que cometió y de reconocerlos en el libro que acabo de escribir.
P.: La herencia de su padre generó litigios familiares. Sabiendo el origen del dinero de su padre, ¿no dudó en algún momento pelear por ella?
J.P.E.: En absoluto. El origen de ese dinero es absolutamente lícito, pertenecía a mi abuelo paterno, un hombre campesino que jamás tuvo problemas con la Justicia, ni siquiera en vida de mi padre. No fue obtenido por medios ilícitos, por lo cual teníamos la totalidad de los derechos de reclamar ese dinero, sin que hubiese cuestiones morales en el medio.
P.: ¿Y con los edificios que su padre dejó en su testamento a nombre suyo y de su hermana Manuela?
J.P.E.: Esos nos los quitó el Estado definitivamente. De lo que era de mi padre, no nos quedamos con un dólar.
P.: ¿Cómo y por qué deciden vivir en Argentina?
J.P.E.: Porque teníamos un convenio con el Gobierno de Mozambique y viajamos hasta allí para quedarnos a vivir, pero el país estaba destruido por la guerra civil. No había futuro para nosotros allí. Para poder llegar a Mozambique hicimos una escala técnica de un día en Buenos Aires, nos dieron una visa de turistas de tres meses y eso nos llevó a la determinación de regresar a la Argentina; simplemente por esos tres meses, que terminaron convertidos en más de veinte años.
P.: Son numerosos los rumores de protección y pactos con altos mandatarios para la llegada de usted y su familia al país, ¿qué hay de cierto en ello?
J.P.E.: Absolutamente falso. Si hubiésemos tenido una protección por ello, si hubiésemos tenido que pagar por ello, estaríamos completamente fundidos.
P.: Virginia Vallejo, examante de su padre, relacionó hace poco la muerte de Carlitos Menem Jr. con una venganza de los socios de Pablo Escobar por el caso de presunto lavado de dinero en el que usted y su madre estuvieron detenidos, ¿qué opina?
J.P.E.: Esa señora está loca. Ella dice que mi padre mató a Carlitos y mi padre ya estaba muerto cuando él fallece en un accidente aéreo. Así que, salvo que Virginia nos pueda explicar a la humanidad cómo hace un muerto para mandar a matar a un vivo... entonces sí le creemos.
P.: ¿Actualmente vive tranquilo? ¿Sufre algún tipo de amenazas?
J.P.E.: En este momento estoy tranquilo. Las peores amenazas siempre provienen de la familia de mi padre, quien en vida lo vendió, quien en vida lo entregó a sus enemigos y se han comportado con nosotros incluso peor que los enemigos de mi padre.
P.: ¿Estas amenazas tienen que ver con cuestiones vitales o con temas económicos?
J.P.E.: Desde que yo tengo memoria, ellos nos han amenazado de todas las formas.
P.: ¿Cuál fue el papel de su madre en el negocio de su padre: intervino, no estaba enterada...?
J.P.E.: Mi padre era un hombre absolutamente machista, como la mayoría de los colombianos. Tenía una línea muy clara y definida de sus negocios y de su familia. Como a cualquier mujer de un hogar colombiano, tristemente por esa condición machista, no se le permitía emitir ningún tipo de opinión ni intervenir en los negocios de mi padre, por orden de él. Lo único que ella hizo fue amarlo de manera incondicional, porque ese amor proviene del barrio de La Paz, cuando mi padre no era nadie, cuando era el hijo del vigilante del barrio, no era una persona que podía perfilarse como la que hoy conocemos.
P.: Y cuando esto cambió, ¿por qué cree que ella no intervino?
J.P.E.: Ella intervino como intervine yo, pidiendo que cesara toda la violencia, pero a mi padre no lo paraba nadie. No lo pudo parar ninguna potencia mundial, ni la totalidad de los cárteles de droga de Colombia, así que mucho menos íbamos a poder los hijos y la esposa lograr que él detuviera su violencia. Sin embargo, sí logramos que se entregara a la cárcel de "La catedral" para que buscara la salida a sus problemas.
P.: Durante el documental "Pecados de mi padre" usted pidió perdón a los hijos del candidato presidencial Carlos Galán y del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, ambos asesinados por orden de su padre. Si la historia hubiese sido al revés, ¿usted hubiese aceptado las disculpas?
J.P.E.: Sin duda que sí, porque creo en la paz y en el perdón como una herramienta muy poderosa para sanar nuestros odios, nuestras enfermedades relacionadas con la ira. Claramente, las habría aceptado y valorado muchísimo.
P.: ¿Sigue en contacto con ellos?
J.P.E.: He tenido contacto esporádico pero no es muy fluido y entiendo que así debe ser por respeto a ellos. Mi pedido de perdón no buscaba crear una amistad con ellos sino aclarar las cosas y entender que todos sufrimos, por uno u otro motivo.
P.: En nuestro país hay un largo debate acerca de la despenalización de la marihuana. ¿Cuál es su posición acerca de la legalización de las drogas?
J.P.E.: Mi posición tiene que ver más con la "prohibición", y es la siguiente: si seguimos utilizando las mismas políticas que propuso Nixon hace 40 años, vamos a seguir viviendo la misma violencia o peor; la misma corrupción o peor y el crecimiento exponencial del narcotráfico que nunca se ha detenido. Así que, lo único que ha producido la prohibición es la aparición de un ejército de criminales dispuestos a desafiar a todas las democracias.
P.: Existen numerosas leyendas acerca de artistas que ofrecieron shows para su familia cuando su padre vivía, ¿qué hay de cierto en ellas?
J.P.E.: Los hubo pero eran eso: artistas que estaban haciendo su trabajo, ganándose el pan. No tenían la obligación de averiguar quién los estaba contratando. Eso no los hace responsables de ninguna actitud que haya que reprocharles.
P.: ¿Quiénes fueron esos artistas?
J.P.E.: Justamente por la opinión que te acabo de dar, nunca mencionaré a ninguno.
P.: Usted criticó que en "El patrón del mal" el personaje de Pablo Escobar es querible. Fuera de ello, ¿qué le pareció la serie y el fenómeno que despertó?
J.P.E.: Me parece que deja un muy mal mensaje a la sociedad. Les hace creer a los jóvenes que la historia de mi padre debería ser imitada. Ese es el peor error que puede cometer esa serie: casi incitar a la sociedad a que imite los pasos de mi padre. Si tú lees mi libro o ves mi documental y te quedan ganas de ser Pablo Escobar, entonces yo habré hecho muy mal mi trabajo y habré escrito al revés la historia. Lo peor de la serie es que quienes la hicieron la venden como la verdadera historia, y dista muchísimo de ella. Se parece más a una caricatura de Pablo Escobar que a la historia verdadera.
P.: ¿Tiene pensado llevar su libro a la televisión?
J.P.E.: Creo que el libro hará lo propio. El tiempo y el destino dirán. Por lo pronto, ya está la historia completa, con responsabilidad.
P.: ¿Cómo es su vida hoy?
J.P.E.: Yo sigo dedicado a mi profesión de arquitecto, de conferencista, con oportunidades diferentes a través del libro para ir ganándome la vida.
Entrevista de Guadalupe Rivero



