6 de septiembre 2005 - 00:00

Sin Colón

El Gobierno de la Ciudad sigue siendo incapaz de resolver la crisis del Colón. Martha Argerich mudó anoche el segundo concierto de la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar, del Teatro Colón, en huelga, al Coliseo. Por la tarde, mientras la artista reclamaba una solución, el secretario de Cultura porteño, Gustavo López, debió correr al Colón para tratar de encontrar una salida. El funcionario fue quien más descolocado quedó ayer porque su Secretaría le ofreció el domingo a la Fundación Argerich, cuando se había anunciado el paro, la sede del Luna Park, lo que no fue aceptado. Esto revela que la crisis del Colón no se modificó en nada y que se agrava a medida que avanza la campaña, tiempo en que los activistas aprovechan la debilidad de los funcionarios.

Tarde tensa:MarthaArgerich y elsecretario deCulturaGustavoLópez, ayer,ante laspuertas delColón enparo.
Tarde tensa: Martha Argerich y el secretario de Cultura Gustavo López, ayer, ante las puertas del Colón en paro.
Martha Argerich, literalmente, se tuvo que ir con la música a otra parte: ayer, un nuevo quite de colaboración dispuesto por uno de los dos sindicatos que controlan al personal técnico del Colón, Sutecba, impidió que la segunda jornada del Festival Argerich, con la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar de Venezuela, se realizara allí. Aunque en un primer momento el concierto iba a ser suspendido (así lo informó desde temprano un comunicado oficial del Colón a los medios), la temperamental intérprete se opuso a la cancelación, y el concierto terminó mudándose una hora después de lo previsto, a las 21.30, al teatro Coliseo. La función tuvo carácter privado, fuera de la órbita del Colón y de la Secretaría de Cultura, por lo que se anunció que el importe de las entradas adquiridas en boletería -no así las del abono- será devuelto a partir de mañana.

En una improvisada conferencia de prensa poco antes de que se informara la decisión de la mudanza, el secretario de Cultura, Gustavo López, y Argerich manifestaron que se había decidido repetir mañana a las 17 este concierto en el Colón, en la medida que los miembros de la orquesta (220 en total, más el director, Gustavo Dudamel, y las pianistas Lilya Zilberstein y Polina Leschenko) pudieran cumplimentar las formalidades de alojamiento y pasajes.

López
, en esta coyuntura, quedó descolocado: el sábado último, cuando ya el sindicato había comunicado su decisión de parar el teatro el lunes, le ofreció a la Fundación Martha Argerich que realizara el concierto en el Luna Park, pero el vicepresidente de la Fundación, Luis Cardellicchio, rechazó la propuesta. Pero ayer, cuando la pianista trataba de ingresar en el Colón mientras reclamaba una solución para la noche y acusaba al Gobierno, el secretario de Cultura debió concurrir veloz a las puertas del teatro para acompañar a la enojada Argerich.

• Acusaciones

Una vez allí, López dijo a los periodistas que el Gobierno de la Ciudad le «había ofrecido al personal en conflicto un aumento salarial de 25 por ciento, pero ellos quieren 40 por ciento». Tanto Cardellicchio como la propia Argerich acusaron a la Secretaría de Cultura por el episodio y se solidarizaron con el personal. Argerich, además, lamentó que «las crisis del Colón no se resuelvan nunca».

El público, sin duda, también lo lamenta. Pese a la aparente pacificación tras la caída de Tito Capobianco y la llegada al Colón de un triunvirato rector (Marcelo Lombardero, Leandro Iglesias, Oscar Aráiz), la situación sigue siendo exactamente la misma. Las paritarias especiales parecen no estar representando ninguna salida, y el Gobierno se muestra cada vez más incapaz de remontar la situación.

Ayer pocos recordaron que a mediados de 2001, en otra de las habituales acefalías del Colón (cuando Sergio Renán renunció imprevistamente a su breve tercera gestión), el entonces secretario de Cultura y actual vicejefe de Gobierno, Jorge Telerman, antes de convocar a Gabriel Senanes para dirigir el teatro, designó a la misma Martha Argerich «asesora artística» del Colón. Ella aceptó encantada aunque, en la práctica, la función nunca llegó a tomar cuerpo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar