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La tregua de Trump y Xi lleva al punto de partida la guerra comercial que desvela al mundo

Estados Unidos prometió que retirará el veto que prohíbe el acceso a tecnología de la empresa Huawei. Mientras que China informó que comprará más productos agrícolas norteamericanos.

Pekín - Al inicio de la cumbre con el presidente Donald Trump en Japón, Xi Jinping recordó que en 1971, deportistas chinos y estadounidenses se enfrentaron en un partido amistoso de tenis de mesa en Pekín, un encuentro que marcó las bases para que ambos países recompongan su relación bilateral ocho años después. La evocación de la llamada diplomacia del “ping pong” fue una defensa al diálogo, pero también un aviso: el fin de la guerra comercial está lejos.

Ambos mandatarios transformaron por segunda vez en siete meses al G-20 en el escenario de su reencuentro, en una cumbre que dejó un sentimiento a déjà vú. Además de una tregua, el resultado en Osaka, Japón, no varió a grandes rasgos. Mientras Estados Unidos prometió que retirará el veto que prohíbe el acceso a tecnología a la empresa Huawei y se abstendrá de imponer nuevos aranceles, China informó que comprará más productos agrícolas norteamericanos, anuncios de los que se esperan detalles.

Las negociaciones vuelven ahora a donde habían quedado varadas en mayo pasado antes de que Trump ampliara los cánones a los productos chinos, y Xi respondiera con medidas recíprocas. Por entonces circuló que el Gobierno chino se había retirado abruptamente de los acuerdos alcanzados hasta el momento por considerar que las negociaciones no eran equilibradas.

La génesis de la pugna es, a criterio de Trump el desequilibrio de la balanza comercial con China, que exporta 419.000 millones de dólares más de lo que importa desde EE.UU. Al mismo tiempo, Washington presiona para que Pekín abra su mercado, modifique la política de transferencia forzada de tecnología y despeje el terreno para que las empresas estadounidenses compitan en igualdad de condiciones con las estatales chinas, subsidiadas por el Gobierno.

La resistencia a esas exigencias sigue intacta del otro lado del Pacífico. En ese sentido, en la editorial del diario oficial China Daily se aplaude el diálogo aunque se advierte que no hay garantías de que vaya a desembocar en un pacto. “A pesar de que Washington acordó posponer la aplicación de aranceles adicionales a los productos chinos para dar paso a las negociaciones, y Trump incluso insinuó que pospondría las decisiones sobre Huawei hasta el final de las negociaciones, las cosas todavía están muy en el aire”, se lee.

“El acuerdo sobre el noventa por ciento de los problemas demostró no ser suficiente. Como las diferencias fundamentales residen en el diez por ciento restante, no será fácil alcanzar un consenso del ciento por ciento”. Las posturas en ese punto “siguen siendo amplias, incluso en el nivel conceptual “, se advierte en la editorial del periódico, el brazo comunicacional en inglés de Pekín.

El Gobierno chino ha ido mudando su reacción pública ante la escalada. Pasó de mostrar cautela a defender sus intereses frente a las exigencias norteamericanas afirmando que “no está asustado” y “luchará hasta el final”. En el artículo de ayer, se retomó ése tono. “El camino del desarrollo de China no siempre será fácil y los chinos lo aceptarán. No se sorprenderán ante ninguna posible agitación y saben que China lo manejará en consecuencia”, agregó.

El respeto a la soberanía se ha vuelto el principal motivo para rechazar los condicionamientos de Washington, mucho más cuando en octubre se conmemoran los 70 años de instauración de la República. La imposición de una reforma a la legislación china es comprendida internamente como una violación a su libertad, pero al mismo tiempo es el único seguro que contará su contrincante a la hora de reclamar los acuerdos alcanzados. La nueva tregua da un respiro, pero la solución, como en el pasado, no será en el corto plazo.

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