La dramática historia de una niña del conurbano que cuando come tierra de la tumba de su madre descubre que puede saber lo sucedido con mujeres desaparecidas, secuestradas o asesinadas, y por eso la llaman Cometierra, y así se llama la opera prima de Dolores Reyes que la consagró a nivel internacional (lleva 13 ediciones en la Argentina y ya ha sido traducida a 12 idiomas). Dolores Reyes ahora ofrece “Miseria” (Alfaguara), segunda etapa de su serie. Reyes es madre de siete hijos, docente en el conurbano, hizo el Profesorado y estudió Culturas Clásicas y Griego en la UBA. Dialogamos con ella.
Dolores Reyes: desde el conurbano al mundo
Revelación literaria con “Cometierra”, la autora acaba de publicar la secuela en la historia de otra
niña, “Miseria”.
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Periodista: ¿Cometierra, esa insólita chica del conurbano, la llevó de viaje por el mundo?
Dolores Reyes: Cuando “Cometierra” se presentó en Italia y Francia, no pude ir, pero después estuve en Suecia, Noruega, España, México, Colombia, Guatemala, y en Estados Unidos anduvimos por varias ciudades.
P.: ¿No se sorprendían de que la “escritora proletaria” tuviera una amplia cultura clásica?
D.R.: Se sorprendían de muchas cosas. Los traductores me mandaban fotos de shoppings y me preguntaban: ¿así es La Salada? En las presentaciones les llamaba la atención lo precario de todo, las casas, la existencia, que una planta se comiera una casa. Cuando les llamaba la atención la forma en que yo hablaba, les asombraba las cosas que decía, les resultaba inesperado respecto de mi novela, les explicaba que en la Argentina la educación es pública y gratuita, y que si no fuera así no habría tenido una formación universitaria.
P.: ¿El reconocimiento internacional de su obra le mostró que nuestro conurbano está por todas partes?
D.R.: Si bien “Cometierra” y ahora “Miseria” son novelas muy ligadas geográficamente, al habla de lugares muy reconocibles, tratan universales de la vida: la relación de hermanos, el enamorarse por primera vez, la primera relación sexo afectiva, perder a la madre, la desaparición de mujeres, eso, y el vínculo con la magia y la justicia, cruzan la General Paz, conmueven y llegan a un público impensado por mí.
P.: En “Cometierra” dejó hablar a la muerte, ¿en “Miseria” deja que hable la vida?
D.R: “Miseria” tiene las dos cosas. Es más oscura. Hay una amenaza constante que no se sabe por dónde va a venir. La ve venir Cometierra sobre el cuerpo de su amiga, pero no sabe cuándo. Miseria es jovial, fresca, vital. Tiene algo tan importante en la vida de las mujeres, dar a luz. Cometierra por estar en contacto con el mundo de los muertos, es superreflexiva, introvertida. Son distintas en cuanto al don. Miseria sabe enseguida qué hacer con el don de su amiga, Cometierra piensa muchísimo lo que va a hacer.
P.: La práctica docente le permitió lograr una voz propia a partir del habla de las chicas y chicos del conurbano y volverlas poéticas.
D.R.: Vi chicas que se parecían a Cometierra y a Miseria, y que, a pesar de la precarización brutal y relaciones atravesadas por la violencia, siguen siendo de una belleza absoluta. Tienen todas las posibilidades abiertas al futuro, y muchas veces los adultos se las están cercenando. Producen canciones, dibujos, danzas hermosísimas, y que el mundo de los adultos desprecia.
P.: Se la ha relacionado con el realismo mágico…
D.R.: Mejor con la mitología griega, que es lo que me formó y me marcó, y en las leyendas americanas está la violencia hacia las mujeres. El si se entierra o no un cuerpo está en Antígona, lo oracular en Casandra. Agamenón no puede partir a la guerra de Troya porque los vientos le son desfavorables y para aplacar a los dioses prende fuego a Ifigenia, su hija. Nuestra flor nacional, el ceibo, nace de Anahí, defensora comunal de la tierra, a la que quemaron viva. Me nutro de esas leyendas, de esas historias.
P.: ¿Tiene idea de la serie en la que ha encaminado a sus personajes?
D.R.: Absolutamente. Mis hijos me dicen: mamá, ya estás escribiendo otra novela. Es que yo a Aylen, Walter, Miseria los veo, veo a dónde van, lo que hacen, su pasado, y veo también por qué voy a dejar que se vayan. Me gustan las sagas. Pienso en Liliana Bodoc, en ”La saga de los confines”. Pienso que en una novela voy a contar de acá hasta acá, a trabajar las voces, el lenguaje, la perspectiva, y de pronto recuerdo los casos que tiene que resolver Cometierra y eso va más allá de una novela.
P.: Ha logrado unir a Harry Potter con “Pizza, birra y faso”.
D.R.: No creo que pueda llegar a tanto como Harry Potter. Mis hijos son fanáticos de Harry, se han leído los siete libros, yo no. Me gusta mucho un relato que puede expandirse sin repetirse. Una novela no es solo la trama sino también las voces, el tono, la estructura. Ahí me gusta experimentar por eso “Miseria” está contada a dos voces.
P.: A tres, también habla Ana, la maestra fantasma, desde los sueños.
D.R.: Los personajes periféricos que se vuelven centrales, es algo que hacía Saer. Ana es una figura de cariño, de referencia, en otros un fantasma. Se va alejando de la fecha de su muerte y es cada vez más fantasmática. Ella me permite mantener la estructura pegada a la intriga policial. Hay algo que no termina de resolverse y que Ana lo está reclamando. Lleva a Cometierra, pero cuando se acerca al peligro, busca protegerla.
P.: ¿No le han preguntado dónde pueden consultar a Cometierra?
D.R.: Montones de veces. Me dicen que saben de ella, que conocen a la seño Ana, que la ven en sueños como Cometierra, que vieron a Walter, Miseria y Cometierra saliendo de un recital. Hay gente que me escribe convencida de que Cometierra existe, y que yo soy la mala que no les quiero pasar con ella. Hay cosas muy duras, personas que buscan a su hermana, su madre, historias terribles. Los que me dicen: ¿tenés el don todavía?¿cuánto cobras? Cosas shockeantes. No pensé que iba a ocurrir eso. Pero, bueno, pasaron a formar parte de la mitología del conurbano. Es como si los hubiera puesto a vivir en el mundo; eso me encanta y me impulsa a seguir.



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