2 de noviembre 2026 - 13:00

Los nacidos en lo 90 tienen una gran fortaleza psicológica gracias a los videojueos, según la ciencia

La evidencia permite distinguir destrezas entrenadas durante las partidas de rasgos personales que no pueden atribuirse a una generación.

Las consolas clásicas ofrecían desafíos que requerían explorar escenarios y encontrar soluciones por cuenta propia.

Las consolas clásicas ofrecían desafíos que requerían explorar escenarios y encontrar soluciones por cuenta propia.

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Quienes crecieron durante los años 90 probablemente recuerden tardes frente a una consola, partidas que parecían interminables y niveles que exigían varios intentos antes de poder avanzar. La discusión llegó al terreno de la ciencia de la psicología y la neurociencia, donde distintas investigaciones analizaron cómo estas experiencias pueden relacionarse con la memoria, la atención y la resolución de problemas.

Con el paso del tiempo, los videojuegos cambiaron sus mecánicas, sus gráficos y la manera de acompañar a los usuarios. Las producciones actuales suelen ofrecer mapas, tutoriales, recompensas frecuentes y distintas herramientas para orientar a los jugadores.

Esta transformación abrió un debate sobre las capacidades que podían desarrollar quienes crecieron con los clásicos y quienes comenzaron a jugar con propuestas más recientes.

El entretenimiento virtual también despertó el interés de investigadores que estudian su relación con las capacidades cognitivas.

El entretenimiento virtual también despertó el interés de investigadores que estudian su relación con las capacidades cognitivas.

Los beneficios de los videojuegos de los 90 versus 2000

Durante la década de 1990, muchos videojuegos tenían una característica particular: avanzar requería paciencia, observación y numerosos intentos. En algunos títulos no existían indicaciones permanentes ni sistemas que explicaran cada movimiento. El jugador debía descubrir las mecánicas por su cuenta y aprender de los errores.

Un ejemplo clásico es Tetris, que obliga a observar las piezas, anticipar dónde encajarán y organizar mentalmente el espacio disponible. Cada decisión modifica las posibilidades de los siguientes movimientos, lo que exige planificación y razonamiento espacial.

Otro caso es Super Mario 64, que introdujo escenarios tridimensionales en los que había que explorar, reconocer caminos y calcular distancias para alcanzar determinados objetivos. A diferencia de los juegos con recorridos lineales, sus escenarios requerían construir una representación mental del espacio.

Estas características pueden relacionarse con habilidades cognitivas concretas. Una revisión científica analizó investigaciones sobre los efectos de jugar durante períodos prolongados.

El trabajo encontró evidencias de asociaciones entre la práctica de videojuegos y mejoras en distintas capacidades, como la atención visual, la coordinación entre ojos y manos y el procesamiento espacial.

Las nuevas generaciones accedieron a experiencias digitales con otras mecánicas, modalidades y posibilidades de interacción.

Las nuevas generaciones accedieron a experiencias digitales con otras mecánicas, modalidades y posibilidades de interacción.

Los investigadores también advirtieron que los resultados dependen del tipo de juego y de las habilidades que exige cada experiencia. Es decir, no todos los videojuegos estimulan las mismas capacidades.

En los títulos de acción, por ejemplo, los usuarios deben identificar rápidamente amenazas, seguir varios elementos en pantalla y responder ante cambios repentinos. En los juegos de estrategia, en cambio, suelen tener mayor protagonismo la planificación, la administración de recursos y la anticipación de movimientos.

Con la llegada de los años 2000, la industria incorporó nuevas posibilidades. Las conexiones a internet permitieron competir con otras personas, compartir experiencias y participar en comunidades virtuales. También aparecieron propuestas con mundos abiertos, misiones secundarias, mapas detallados y sistemas de progresión más elaborados.

La diferencia entre ambas generaciones está más relacionada con los contextos tecnológicos y las experiencias de cada época que con una supuesta ventaja natural. Los videojuegos pueden entrenar habilidades específicas, aunque sus efectos dependen de cómo, cuánto y a qué se juega.

Así, la nostalgia por las consolas de los 90 tiene una explicación cultural, pero también permite recuperar una pregunta interesante: qué capacidades se ponen en práctica cuando alguien juega. La ciencia encontró respuestas parciales y sigue investigando un fenómeno que no admite una comparación tan sencilla entre generaciones.

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