6 de agosto 2026 - 07:00

Abelardo de la Espriella: el desafío empieza después de la victoria

Este viernes llegará a la Casa de Nariño con la promesa de imprimir un giro a la política colombiana. Su capacidad para recuperar la seguridad, reactivar la economía, construir gobernabilidad y redefinir la inserción internacional del país marcará el rumbo de su gobierno.

Abelardo de la Espriella inicia su mandato con una agenda centrada en la seguridad, la recuperación económica y un giro en la política exterior, en un escenario político marcado por la polarización y la necesidad de alcanzar acuerdos.

Abelardo de la Espriella inicia su mandato con una agenda centrada en la seguridad, la recuperación económica y un giro en la política exterior, en un escenario político marcado por la polarización y la necesidad de alcanzar acuerdos.

Las elecciones suelen resolver una disputa por el poder. Rara vez resuelven los problemas que llevaron a esa disputa. Abelardo de la Espriella asumirá la presidencia convencido de que los colombianos votaron por un cambio de rumbo. La verdadera incógnita es si ese respaldo electoral será suficiente para construir una mayoría política capaz de gobernar un país donde el resultado de las urnas no eliminó las tensiones acumuladas durante los últimos años.

Su triunfo pone fin al primer gobierno de izquierda en la historia de Colombia, pero no clausura los desafíos que marcaron esa experiencia. El nuevo presidente recibirá un congreso fragmentado, una seguridad deteriorada en amplias regiones del país, una economía que necesita recuperar dinamismo y una sociedad donde la confrontación política continúa condicionando el funcionamiento de las instituciones.

Las urnas le otorgaron legitimidad para gobernar, pero no despejaron el principal desafío de su administración: construir una mayoría política capaz de sostener reformas en un escenario donde la oposición conservará capacidad de movilización y donde ningún cambio profundo podrá imponerse sin acuerdos.

Durante la campaña, De la Espriella presentó un programa centrado en la recuperación de la autoridad del Estado. A esa propuesta sumó una agenda orientada a atraer la inversión privada, una reducción del tamaño del sector público, una política de seguridad mucho más agresiva contra el crimen organizado y un giro en la política exterior para reposicionar a Colombia entre los principales aliados de Estados Unidos y Occidente.

Esa combinación le permitió capitalizar el desgaste del gobierno de Gustavo Petro, pero gobernar exigirá resolver problemas mucho más complejos que los planteados durante la campaña.

La gobernabilidad será el principal activo de su presidencia porque de ella dependerá todo lo demás. Sin capacidad para aprobar reformas, recuperar la confianza de los inversores, coordinar políticas de seguridad y sostener una agenda económica consistente, incluso un programa técnicamente sólido corre el riesgo de quedar paralizado por la confrontación política.

Aunque la seguridad será probablemente el terreno donde el nuevo gobierno enfrente su prueba más exigente. La política de "Paz Total" impulsada por Petro no logró reducir de manera sostenida la capacidad de las organizaciones armadas ilegales y, en varias regiones, fue acompañado por un fortalecimiento de las economías criminales vinculadas al narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión.

La administración de Abelardo de la Espriella propone dejar atrás la estrategia internacional de Gustavo Petro y fortalecer los lazos con Occidente.

La administración de Abelardo de la Espriella propone dejar atrás la estrategia internacional de Gustavo Petro y fortalecer los lazos con Occidente.

Sobre ese diagnóstico, De la Espriella construyó buena parte de su campaña. Prometió retomar la aspersión aérea con bioherbicidas para destruir cultivos de coca, intensificar la erradicación manual, endurecer la ofensiva militar contra las organizaciones armadas y revisar la estrategia de negociación con esos grupos.

El giro será significativo, aunque el contexto ya no es el mismo que encontró Álvaro Uribe a comienzos de siglo. Las estructuras criminales actuales son más fragmentadas, operan mediante redes flexibles y obtienen recursos de múltiples economías ilegales, una transformación que vuelve mucho más compleja cualquier estrategia basada exclusivamente en la presión militar.

La economía tampoco ofrecerá demasiado margen de maniobra. El nuevo gobierno buscará enviar una señal de confianza mediante una reducción de regulaciones, incentivos a la inversión privada y una administración más austera del Estado. Sin embargo, el desafío consistirá en avanzar con esas reformas sin profundizar el conflicto político ni frustrar las expectativas sociales acumuladas durante los últimos años.

La nueva estrategia internacional

Ese cambio de orientación también tendrá consecuencias más allá de las fronteras colombianas. La administración de Gustavo Petro buscó diversificar los vínculos internacionales de Colombia, restableció las relaciones con Venezuela y procuró ampliar los márgenes de autonomía de Bogotá frente a Washington. De la Espriella propone recorrer el camino inverso, acercando nuevamente al país a los gobiernos que promueven una agenda económica más liberal y una relación más estrecha con Estados Unidos y sus aliados occidentales.

La presencia de Javier Milei en la ceremonia de asunción debe interpretarse dentro de ese escenario. Más que una fotografía protocolar, refleja el acercamiento entre dos gobiernos que comparten una visión semejante sobre el modelo económico, el tamaño del Estado y la inserción internacional de la región. Si esa coincidencia logra traducirse en una agenda común, la relación entre Bogotá y Buenos Aires podría adquirir un peso político mucho mayor que el observado durante los últimos años.

Esa convergencia, sin embargo, no eliminará los condicionantes estructurales de la política exterior colombiana. La relación con Estados Unidos, la lucha contra el narcotráfico, la estabilidad de la frontera con Venezuela y la gestión de los flujos migratorios seguirán ocupando un lugar central en la agenda del nuevo gobierno, independientemente de las afinidades ideológicas que pueda construir con otros líderes de la región. Precisamente por esa combinación entre cambios y continuidades, la llegada de De la Espriella también será observada con atención fuera de Colombia.

La sucesión entre gobiernos de distinto signo político se ha convertido en una constante en buena parte de América Latina, aunque sus resultados han sido desiguales. El nuevo presidente no solo pondrá a prueba su propio programa de gobierno. También enfrentará un desafío que trasciende a su país: demostrar que la alternancia política puede convertirse en una herramienta para fortalecer la capacidad del Estado y ofrecer respuestas más eficaces a los problemas que llevaron a los colombianos a reclamar un cambio de rumbo.

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