Berlín - Un episodio negro más de la vida de Adolf Hitler acaba de salir a la luz en Alemania. Klaus-Dieter Dubon, un notario retirado de Baviera, descubrió que en el archivo estatal de Munich se encuentran registradas las deudas que el dictador acumuló hasta su llegada al poder, en 1933, cuando le fueron perdonadas.
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En total, unos 405.500 marcos de los de entonces (esto es, unos seis millones de euros actuales) dejó sin pagar el Führer al fisco alemán. Entre 1925 y 1932, cuando Hitler era un ciudadano más y no había conquistado aún la Cancillería, eludió pagar los impuestos, y se convirtió en un experto en evasiones fiscales.
Así, a la hora de tener que declarar su Mercedes (a Hitler le encantaban los vehículos de lujo), alegó que éste se trataba de «un coche de trabajo» y que sólo significaba «un medio para alcanzar sus fines».
Es más, este ostentoso coche lo había comprado durante su estancia en prisión por su golpe fallido de 1923, y declaró a su salida de la cárcel que sus únicas posesiones eran un escritorio y dos librerías.
Preguntado además sobre cómo había conseguido el dinero para adquirir un Mercedes estando en prisión, Hitler aseguró que todo había sido gracias al préstamo de un banco. Dos años antes, Hitler se había comprado otro Mercedes.
Respecto de los múltiples actospúblicos por los que cobró más tarde y las ingentes ventas de su «Mein Kampf» («Mi lucha»), el libro en el que explicaba la supremacía de la raza aria y por el que tendría que haber pagado 600.000 marcos en impuestos, Hitler hizo caso omiso de la recaudación que se le exigía y aguantó estoicamente hasta que se convirtió en canciller.
• Absolución
«Mein Kampf» le reportó grandes beneficios, al haber recaudado en 1933 la jugosa cifra de 1,3 millón de marcos, esto es, 18 millones de euros (libres, por su juego sucio, de impuestos).
Su llegada al poder significó la «absolución de sus pecados financieros». En 1934, la propia oficina de impuestos de Munich (capital de Baviera) decidió declararlo exento de cualquier pago, mientras que, en 1935, le envió una carta firmada por su jefe, Ludwig Mirre, en la que se le pedía permiso para cancelarle todas las deudas pendientes. «Herr Hitler acepta la propuesta», fue la lógica respuesta que recibió Mirre desde la Cancillería, además de un ascenso y traslado a Berlín, un mes después.
«Y ahí se acabaron sus problemas. Digamos que, más o menos, todas sus deudas se legalizaron», ha asegurado el notario Dubon.
Ahora bien, hubo dos impuestos que Adolf Hitler nunca dejó de pagar: el dedicado a la Iglesia y el relacionado con la posesión de perros en su casa de verano de los Alpes, bautizada por los aliados como El Nido del Aguila.
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