25 de noviembre 2003 - 00:00

Afganistán: la heroína reina pese a ocupación

Washington - Tres cuartas partes de la heroína que se consume en el mundo no viene de ningún lugar remoto y aislado, sino que ha salido de adormideras que crecen bajo la benévola mirada de, entre otras, la X División de Montaña del Ejército de EE.UU., destinada en Afganistán.

Desde la caída del régimen talibán el cultivo de adormidera y el tráfico de opio -del que se obtiene la heroína- se ha multiplicado por 19 en ese país asiático. Son datos de la Oficina contra Drogas y Crimen de la ONU (UNODC, según sus siglas en inglés), recogidos en su informe anual Estudio sobre el opio en Afganistán.

En 2001, el mismo año en que llegaron los estadounidenses y sus aliados a Afganistán, el país produjo 185 toneladas de opio.

Este año, la cosecha alcanzará las 3.600 toneladas. En total, 10 millones de personas, de los 14 millones de heroinómanos que hay en el mundo, «consumirán este año opiáceos afganos», según el Estudio sobre el opio en Afganistán.

• Elección

El informe de la UNODC revela que Afganistán se ha convertido ya en lo que el semanario «The Economist» califica en su informe «El mundo en 2004», como «un narcoestado». Alrededor de 1,7 millón de personas -7% de la población- vive directamente del cultivo de amapolas. La industria del opio y la heroína afganos tendrá una cifra de negocio este año de unos 30.000 millones de euros. Pero 97% de esos 30.000 millones no va a los agricultores afganos, que apenas obtendrán este año 1.020 millones de dólares -850 millones de euros-. Son unos ingresos inferiores en casi 200 millones de dólares a los que lograron en 2002, ya que el precio de la heroína está cayendo.

A esa cifra hay que sumar otros 1.300 millones del tráfico y contrabando de drogas dentro del país. En total, son unos 2.300 millones de dólares, lo que equivale a 52% del PIB afgano.
El grueso del negocio -más de 27.000 millones de dólares- se genera fuera de Afganistán y va a parar a las mafias que distribuyen la heroína en Rusia, Asia Central, Pakistán e Irán. Pero, a pesar de que los campesinos afganos se quedan con una parte ridícula del beneficio, el cultivo de amapola es tremendamente lucrativo para ellos. La elección entre cultivar amapolas o recolectar pistachos puede marcar la diferencia entre morirse de hambre o sobrevivir. Si un agricultor cultiva amapolas en Afganistán, ganará 2,2 veces más dinero que si se dedica a un cultivo legal.

Afganistán tiene un PBI per cápita de 184 dólares. Pero, en el caso de los agricultores que se dedican a la amapola, esa cifra aumenta a 594 dólares. La explosión del cultivo de amapolas y del tráfico de heroína está creando un problema a EE.UU.

El Pentágono no quiere ni oír hablar de que sus soldados, dedicados a la guerra contra Al-Qaeda y los talibanes, realicen misiones antinarcóticos. Pero, al mismo tiempo, Washington sabe que Al-Qaeda y los talibanes se financian con el tráfico de estupefacientes.

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