11 de febrero 2003 - 00:00

Ajuste: culpan a la herencia de Cardoso

El gobierno brasileño deberá ajustar el gasto federal en 14,1 billones de reales (3,9 billones de dólares) para poder cumplir con la nueva meta de superávit primario de 4,25% del PBI. Según el portavoz del presidente Lula, André Singer, el reajuste se debe a que detectaron «errores» en el presupuesto 2003 elaborado por la gestión de Cardoso y aprobado por el Congreso. Singer explicó que el gobierno anterior subestimó una serie de gastos previsionales por 8,9 billones de reales (casi u$s 2,5 billones). Pero además de la subestimación de gastos, el gobierno de Lula deberá ajustar otros 2 billones de reales para alcanzar el superávit primario de 3,75% del PBI previsto en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los 3,2 billones de reales (u$s 900 millones) restantes corresponden al aumento de 0,5% del PBI en la meta de superávit primario anunciada el viernes pasado por el ministro de Hacienda, Antonio Palocci.

Singer reafirmó que el ajuste no alcanzará los gastos en el área social, la gran prioridad del gobierno de Lula.

• Evaluación

Mientras hoy la misión técnica del FMI comienza a evaluar las cuentas fiscales, el mercado continúa debatiendo si la nueva meta de superávit será suficiente para estabilizar el peso de la deuda pública sobre el PBI. Cabe recordar que el superávit primario no incluye el pago de intereses de la deuda pública. El año pasado Brasil pagó intereses por el equivalente a 17,69% del PBI. «Este año el pago de intereses será de 8,2% del PBI, por lo que si el gobierno alcanza la meta de 4,25%, tendrá aún un déficit nominal de 3,95% del PBI», advierte GlobalInvest. «Una simulación sobre las expectativas del mercado arrojó que el superávit necesario para estabilizar la relación deuda/PBI era de 4,5% del PBI», señalan en el Banco Itaú.

De todos modos, hay bastante escepticismo porque el cumplimiento de la ambiciosa meta, al fin y al cabo, depende de otras variables que no son totalmente controlables por el gobierno de Lula, como el tipo de cambio, el ingreso de capitales y el costo de refinanciación de la deuda pública en el mercado interno. Un empeoramiento en el escenario internacional puede exigirle al gobierno que eleve aun más la meta de superávit.

En las mesas de operaciones dicen que el superávit de 4,25% es un buen número, pero que no resuelve el problema fundamental de la abultada deuda pública. En tal sentido, destacan que el superávit primario puede ser fagocitado porque el gobierno tendrá que gastar más en intereses.

Un ejercicio muestra lo delicado de la situación. Suponiendo un crecimiento de 2% del PBI este año, obtener un superávit primario de 4,25% del PBI le significa al gobierno generar un saldo líquido de 87,5 billones de reales. La deuda pública representa casi 60% del PBI, cerca de 840.000 billones de reales, con una tasa de interés real de 10% anual, la deuda aumenta 84 billones de reales. Este resultado casi anula el enorme esfuerzo fiscal que el gobierno hará para garantizar el mayor superávit.

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