Londres (Reuters, AFP) - El primer ministro británico, Tony Blair, poniendo su puesto en juego a medida que se prepara para llevar a Gran Bretaña a la guerra contra Irak, advirtió ayer ante a un airado Parlamento que si no se actúa como es debido, las consecuencias mundiales serían desastrosas, al tiempo que se siguen produciendo deserciones en su gabinete en disidencia con su aval a la alianza con los EE.UU. contra Bagdad. Blair logró un nuevo respaldo parlamentario a su postura ante Irak al conseguir que fuera rechazada por 396 votos sobre 659 legisladores, una iniciativa que considera a la guerra «no fundada». Pero los votos a favor superaron todas las expectativas y alcanzaron los 217 votos, la mayoría (149) proveniente de la bancada laborista en la Cámara de los Comunes. En una segunda votación, 412 diputados lo autorizaron a utilizar la guerra contra el régimen iraquí.
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«Detengan esta confrontación (bélica) ahora y los conflictos futuros serán mucho peores y con efectos más devastadores», dijo Blair en su turno. «¿Quién celebrará y quién llorará si retiramos nuestras tropas del Golfo en estos momentos?»
En el comienzo de su alocución, Blair dedicó un párrafo al presidente francés. «Me entristece que Jacques Chirac no nos acompañe.» Aunque su postura constituye el mayor riesgo de su carrera política, Blair puede confiar, sin embargo, en el apoyo a la guerra del partido Conservador. John Denham, viceministro del Interior, se convirtió en el tercer miembro del gabinete en renunciar por la guerra contra Irak. Su renuncia siguió a las de Robin Cook, ex canciller y de Relaciones con el Parlamento y figura clave de su gobierno; y el viceministro de Salud, Lord Philip Hunt. Una cuarta integrante del gabinete, representante del ala izquierdista del laborismo, Clare Short, decidió continuar al frente de Cooperación Internacional.
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