20 de febrero 2006 - 00:00

Ante un futuro imposible

Ante la ausencia de una mera posibilidad de diálogo, desde 2001 la realidad de Medio Oriente estuvo signada, principalmente, por decisiones adoptadas por Ariel Sharon. Entre las más significativas se ubican la retirada compulsiva de los más de ocho mil colonos israelíes de la paupérrima Franja de Gaza y, previo a ello, el avance del serpenteante muro de seguridad, que clausura con su actual trazado la chance de que Cisjordania alcance una vida económica mínimamente normal.

Es decir, política consumada que Sharon puso sobre la mesa de los -más que partes- espectadores
. Quedaron al margen de sus decisiones la Autoridad Palestina, la irrelevante «comunidad internacional» y los extremistas dentro de su propio país, a quienes les dejó el partido pero no los votos.

Israel, de la mano del ahora agonizante jefe político, redefinió algo más racionalmente sus fronteras, resguardando los asentamientos más grandes, relocalizando ciertas veces, o cerrando otras, enclaves en Cisjordania. En tanto, los palestinos, como sociedad, habían entrado en la inercia de una vida miserable y de perspectivas deprimentes.

Pero más hechos marcaron la cancha. El gran decisor de Medio Oriente entró en coma... y llegó Hamas. Los islamistas se presentaron como la alternativa que podría recuperar para el lado palestino la posibilidad de responder con hechos, frente a un poder formal -Al Fatah- que había quedado recluido por la fuerza y por su propia esencia, y encima sin líder. Desde los años finales de Yasser Arafat, el monopolio de la acción estabadel otro lado del muro, a excepción, claroestá, de los aberrantes atentados.

Los hechos y las decisiones se suceden y aportan respuestas que ridiculizan a los optimistas. ¿Llegó Hamas al poder para rectificar desde la responsabilidad de gobierno décadas de terrorismo y antisemitismo? Khaled Meshaal, jefe del comité político, se encargó de dejar en claro que la violencia no se acaba. Pero no solamente los líderes de Hamas confrontarán con Israel. Su mayoría parlamentaria es tan absoluta, que los dirigentes integristas se permiten por estos días ningunear al presidente Mahmud Abbas, el atribulado hombre de Al-Fatah de quien aún depende la política exterior.

• Extremismo

Israel se encontró con que donde terminan sus fronteras -en estas tierras pequeñas, un pueblo palestino en Cisjordania puede estar a trescientos metros de uno del lado israelí, sin contar las colonias- operará un gobierno que propugna abiertamente su eliminación. Tanto como Mahmud Ahmadinejad, el aliado iraní de Hamas, rico en petróleo y planes nucleares. Ahora sí, del otro lado no hay un «interlocutor válido».

En Israel se registró en las últimas semanas un crecimiento de los extremistas que no amenaza pero sí avisa al liderazgo del centrista Kadima que heredó
Ehud Olmert de Sharon. Acaso la brecha política se acorte y se torne tenue, como ocurre cada vez que crece un fantasma hostil contra una sociedad.

Están rotos todos los puentes que se podían romper. Probable y lamentablemente, hablará la violencia.

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