Antes de su triunfo, Lugo vivió mañana de escraches y facas
El ex obispo Fernando Lugo se consagró anoche presidente electo de Paraguay. Venció claramente a la postulante oficialista, Blanca Ovelar, y puso fin a más de seis décadas de dominio político del Partido Colorado. Lino Oviedo quedó en un distante tercer lugar. Paraguay completa así su particular transición democrática, que comenzó en 1989 con la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner, pero que recién ahora modifica el signo político del partido en el poder. La cohesión de la alianza de Lugo y su rumbo ideológico plantean interrogantes. También la relación con Brasil y la Argentina, a los que quiere subir el precio de las exportaciones de electricidad.
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Ni bien se difundieron los primeros datos de las encuestas en boca de urna y comenzaron
aparecer los resultados parciales, el ex obispo Fernando Lugo, bandera paraguaya en manos,
salió a saludar a sus simpatizantes. ¿Un modo de marcar su posición de liderazgo
y evitarse sorpresas en el escrutinio?
Temprano, los colorados se habían quejado por el último acto de campaña del influyente diario «ABC». En la tapa, una caricatura mostraba a los tres candidatos corriendo una carrera con Lugo a la cabeza, segundo Oviedo y, tercera, Blanca, resoplando por el esfuerzo y bien rezagada.
Lino Oviedo, candidato de la Unión Nacional de Ciudadanos Eticos (UNACE), votó acompañado de su hija Fabiola, que también integra sus listas, a las 7.30 en el Colegio Alvarín Romero. Hubo algún forcejeo con la prensa porque un reportero quiso espiar a Lino en el cuarto oscuro, consistente en una simple mampara de madera sobre una mesa. Después de votar, el ex general se subió a un helicóptero con el cual recorrió varios lugares de votación, lo que llevó a los periodistas que lo acompañaban a elogiar su estado físico, ya que se lo veía descender muy compuesto en cada lugar en donde lo depositó la máquina, a diferencia del estado algo lastimoso de sus acompañantes luego del enésimo ascenso y descenso.
En cada país, los medios de comunicación encuentran la forma de eludir la veda electoral. Aquí, desde el mediodía, radio y televisión daban los porcentajes de boca de urna sin decir a quién correspondía cada uno. No era necesario, lo demás lo hacía la calle y la cara de los colorados que, a esa altura, comenzaban a pelearse por TV.
El día amaneció despejado para alivio de muchos, ya que en el nivel de participación de los votantes se jugaba buena parte del resultado de la elección. La lluvia de viernes y sábado sembró inquietud por el factor climático, clave en un país en el cual casi el 70% de los votantes vive en áreas rurales o semirrurales. No hubo entonces lluvia pero sí un calor veraniego, 24° al mediodía, casi 28° a la hora del cierre de las mesas. Un calor que muchos tuvieron que soportar en largas colas para poder votar.
El trámite fue lento, por las mismas características del procedimiento, pero también por cierta falta de entrenamiento de las autoridades de mesa. El último paso del proceso de votación -estampar la huella del dedo índice en tinta azul indeleble en el acta correspondiente- irritó a varios. «Me siento como un analfabeto», dijo Edwin, 22 años, estudiante de Informática que votaba por primera vez en la Escuela República del Brasil de Asunción. Rebeldes, no faltaron los pícaros que estamparon el pulgar en vez del índice, pero fueron sólo casos aislados.
«Incidentar» fue el neologismo de estos comicios. En los diferentes sitios de votación, los activistas de uno y otro partido se acusaban mutuamente de estar «incidentando», generando incidentes. De todos modos, en comparación con las acusaciones que se cruzaron durante la campaña, finalmente esos hechos parecieron menores. O al menos no tan generalizados como se esperaba: compra de cédulas, «olvido» de la firma en las boletas, falsificación de boletas...
No faltó el ingenio, y la prohibición de exhibir distintivos en los lugares de votación fue eludida por algunos vecinos soltando perros con banderines rojos atados al cuello que, inocentes, se paseaban por los patios de los colegios. En el Colegio Santa Ana, hubo niños infiltrados en los cuartos oscuros para espiar el voto y luego hacer impugnar la boleta.
También la policía tuvo que intervenir en varios sitios de votación porque los partidarios de una de las fórmulas los habían copado y convertido en puesto de comando partidario.




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