Apoyo a Lagos supera divisiones políticas
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El presidente chileno, Ricardo Lagos, un socialista moderno y moderado, se retira del poder con un inédito nivel de respaldo.
En el mismo lugar, Carlos Mewes, abogado que también supera los 60, se manifiesta pinochetista y dice que sufragó por «Lavín porque mi opción es siempre más libertades». «No me explico lo de Bachelet; parece que el pueblo la quiere premiar por haber sido víctima del gobierno de Pinochet», afirma convencido.
Cerca de la avenida Vitacura que congrega a algunos hoteles internacionales, Viviana se refugia del sol bajo la sombrilla de un bar moderno. «¡Soy una excepción en este barrio!», enfatiza. «La derecha ha demostrado que sólo aceptó la democracia cuando se la arrancaron y seguía defendiendo a Pinochet cuando estaba en Londres», explica al argumentar su voto por Bachelet.
En tanto, en Providencia, barrio de la clase-media santiaguina por excelencia, la actriz bacheletista Mancy Czymauk lamenta «lo que anduvieron diciendo de Cristina Kirchner. Son terriblemente intolerantes (los de centroderecha)». A su lado, la bióloga Alejandra Zemelman manifiesta el único voto al izquierdista Tomás Hirsch entre una veintena de consultados. «Vivo en Las Condes, un barrio de ultraderecha, y voto a Hirsch porque todos defienden este sistema neoliberal», dice y denuncia.
El barrio de Santiago Poniente, hacia el lado opuesto de la ciudad, fue un sector con peso concertacionista desde el reinicio democrático que en los últimos años se acentuó cuando fue elegido para vivir por jóvenes artistas y familias de clase media. Sergio, empleado, eligió a Bachelet y no se vio tentado por Piñera porque «es multimillonario y los millones no los ha ganado precisamente porque ha compartido su ganancia con los trabajadores».
Su esposa, la docente Verónica, como demócrata cristiana, nunca fue pinochetista, pero se manifiesta desencantada de la Concertación y dice que el catolicismo de Lavín, miembro reconocido del Opus Dei, le da motivos para compartir esperanzas.




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