Aprueban en EE.UU. muro en frontera
La inmigración ilegal es un problema cada vez más candente en el mundo. El Senado de los EE.UU. aprobó ayer la construcción de un muro de 595 kilómetros de extensión en la frontera con México. Mientras se aplican otras políticas que no siempre son efectivas para alcanzar una inmigración ordenada, la elevación de barreras físicas es decidida en forma creciente por muchos países. Lo hizo hace años España, en sus enclaves africanos de Ceuta y Melilla en el límite con Marruecos. También Israel, aunque en su caso para defenderse de atentados de palestinos. Ahora los EE.UU. prolongan un muro ya existente en el Sur. Polémico, pero en ocasiones, inevitable.
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El muro
de cientos
de
kilomómetros
que
dividirá
parte de la
frontera
entre
EE.UU. y
México ya
fue
construido
en un
primer
tramo,
donde
coinciden
las
ciudades
homónimas
de
Nogales.
Un proyecto acordado entre demócratas y republicanos fracasó a último momento en abril último en el Senado.
Luego, las masivas marchas a favor de los derechos de los inmigrantes sin papeles del 1 de mayo recalentaron el clima de debate político en el país.
Con el impulso de George W. Bush, el Senado está ahora tratando de definir un proyecto de ley con menos concesiones a los inmigrantes ilegales, mayores normas para la seguridad en la frontera y la inclusión del programa de « trabajadores invitados» que pretende instalar el gobierno.
Los avances en el Senado fueron saludados por la Casa Blanca, cuyo vocero, Tony Snow, dijo que en la sede presidencial están «felices» por la «considerable velocidad» con que los senadores «están poniendo juntos a punto una posición integral» frente al tema de la inmigración ilegal. Estos deberán ahora lograr una postura común con la Cámara baja, que había aprobado un proyecto más duro, que según sus críticos «criminalizaba» la inmigración clandestina.
El lunes último, a través de un discurso transmitido por televisión a todo el país en horario central, Bush presentó sus nuevas medidas para controlar los flujos migratorios. El presidente anunció entonces el envío de hasta 6.000 soldados de la Guardia Nacional a la frontera con México, pero, al mismo tiempo, dejó una puerta abierta a la regularización de los inmigrantes indocumentados que tienen «raíces» en EE.UU.
En ese marco, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, indicó ayer que los miles de soldados que serán enviados a la frontera podrán aprovechar ese despliegue, de dos o tres semanas, como un « entrenamiento» frente a «situaciones reales».
Mientras tanto, desde el otro lado del límite, los senadores mexicanos exigieron al presidente, Vicente Fox, que rechace la «militarización» de la frontera durante la visita de trabajo que hará la próxima semana a EE.UU.
Al aprobar el viaje de Fox a los estados de Utah, Washington y California, los legisladores pidieron al mandatario que exprese el «rechazo de los mexicanos» al anuncio de la Casa Blanca, dijo el senador Raymundo Cárdenas. Bajo presión, Fox se limitó a señalar su comprensión ante el envío de soldados a la frontera.
Las enmiendas del Senado coincidieron ayer con una marcha nacional por la legalización de los indocumentados, en la que participaron un millar de personas, una cifra muy inferior a las protestas de los últimos meses.



