Asumió Sarkozy prometiendo una "ruptura con el pasado"

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París (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El conservador Nicolas Sarkozy se convirtió ayer en el nuevo presidente de Francia en sustitución de Jacques Chirac, asegurando que promoverá reformas y que gobernará en favor de la «unidad» y de una « democracia irreprochable».

Sarkozy, de 52 años, fue elegido el 6 de mayo en segunda vuelta con más de 53% de los votos frente a la socialista Ségolène Royal y, a partir de ayer, se convirtió en el 23º presidente francés y el sexto jefe de Estado de la V República, creada en 1958.

La ceremonia oficial duró una hora. Chirac, de 74 años, le dio la bienvenida al pie de la escalinata del Elíseo a su sucesor, que recorrió la larga alfombra roja del patio de honor ante la Guardia Republicana.

Después de que el presidente saliente entregara al entrante los códigos de activación del arsenal nuclear de Francia, como es tradicional en cada investidura, la totalidad de los presentes dedicó un extenso aplauso a Chirac, quien había llegado al poder en 1995.

Durante su discurso, Sarkozy -que liberalizará la economía y acercará al país con EE.UU.- reiteró que su país «sólo será fuerte si permanece unido» y garantizó que su victoria es el triunfo de la Francia que desea «romper con los comportamientos del pasado».

«Quiero dejar clara mi convicción de que cuando se sirve a Francia no hay bandos, sino la buena voluntad de todos aquellos que aman a su país», aseguró, en lo que pareció anticipar la incorporación de extrapartidarios a su gobierno.

Sarkozy consideró que no tiene derecho «a decepcionar a los franceses» y prometió «cumplir sus promesas» y « obtener resultados». «Defenderé la independencia y la identidad de Francia. Me esforzaré en construir una república fundada en derechos reales y una democracia irreprochable», garantizó.

En el acto, el nuevo presidente estuvo acompañado por su segunda esposa, Cecilia, de origen español, que lucía un elegante vestido color marfil, y el hijo de la pareja, Louis. Además, estaban presentes los dos hijos del primer matrimonio del nuevo presidente, Pierre y Jean, y las dos hijas de la primera unión de su esposa.

En una breve alusión a la política exterior, dominio reservado del jefe de Estado, Sarkozy dijo que luchará por «una Europa que protege, porque es el sentido del ideal europeo». Ayer por la tarde, viajó a Berlín para encontrarse con la canciller alemana, Angela Merkel (ver aparte).

Sarkozy también luchará por la creación de una Unión Mediterránea y por el desarrollo de Africa, y fijó la defensa de los derechos humanos y la lucha contra el cambio climático como las prioridades de la acción diplomática de Francia en el mundo. Tras la ceremonia, el nuevo presidente recorrió la célebre avenida de los Campos Elíseos en un automóvil descapotable hasta llegar al Arco del Triunfo, donde rindió homenaje a los muertos por la patria. Allí, pudo disfrutar de un primer baño de multitudes al pasar por alto el protocolo y acercarse a saludar a los centenares de ciudadanos congregados.

  • Prioridad

    Con la llegada de este político renovador al Elíseo, Francia inicia una nueva era. Sarkozy es un mandatario joven, hijo de un inmigrante húngaro, que reivindica sin complejos su condición de político de derecha y desea romper con la forma de gobernar de sus predecesores. El nuevo jefe de Estado desea restablecer valores como la moral, la autoridad, el orden y la identidad nacional.

    Su prioridad será la eficacia y para ello no dudará en rodearse de un equipo de gobierno más reducido, de unos 15 ministros, activo y plural, en el que habrá lugar para figuras de la izquierda y del centro.

    Sarkozy nombrará hoy a su primer ministro, que según todo indica será François Fillon, un ex titular de Educación moderado que fue su mano derecha en los últimos dos años. El nuevo gabinete será conocido mañana.

    Al mismo tiempo, ayer se cerró una página de la historia de Francia con la retirada del veterano Chirac, quien en la víspera en un mensaje de despedida radiotelevisado había instado a sus compatriotas a mantenerse «unidos» y manifestado su satisfacción por «el deber cumplido».

    El ex mandatario le deseó suerte a su sucesor, con quien mantiene una gran rivalidad desde hace años pese a pertenecer al mismo sector político. Chirac será recordado como un jefe de Estado que no obtuvo grandes resultados internos, pero osó decirle «no» al presidente George W. Bush al inicio de la ofensiva de EE.UU en Irak en 2003. Convertido en simple ciudadano, Chirac, que perdió su inmunidad, podría verse obligado a dar explicaciones ante la Justicia por algunos asuntos turbios que remontan a su época en la Alcaldía de París.
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