4 de diciembre 2007 - 00:00

Avatares de Caracas

  • La militarización que impuso el chavismo en Venezuela quedó clara antes, durante y después del referendo del domingo, con la permanente intervención, casi paranoica, de la Guardia Nacional, que se afanaba en cacheos y cordones cada vez que aparecía una cámara o un periodista. Semejante celo hizo difícil la tarea de los periodistas y estuvo a punto de provocar un escándalo ayer a la madrugada en la sede de esta ciudad de la Comisión Nacional Electoral, cuando se impidió el acceso a los fiscales de la oposición. Poco después se anunció el triunfo del No y lo que podría haber desatado un escándalo no pasó a mayores.

  • Lo que queda de prensa independiente en este país viene ventilando repetidos hechos de corrupción, un rasgo que se insinúa ya como uno de los más salientes de la gestión de Hugo Chávez.

  • Tanto es así que el diario «El Nacional», uno de los más influyentes hasta la emergencia política del coronel Chávez en los 90, acaba de publicar un libro que repasa los principales escándalos. La valija de Guido Antonini Wilson en Aeroparque fue sólo un episodio de esa saga de denuncias. Los acuerdos de cooperación con Irán, morosos en su ejecución y sospechados en su manejo y, sobre todo, lo que se describe como un vaciamiento de PDVSA han servido para llenar muchas páginas en los diarios.

  • Un dato poco atendido en su posible implicancia en el resultado del referendo es la irritación de las clases populares, la clientela chavista, ante la escasez de productos de primera necesidad. Una combinación letal de alta inflación, controles de precios y pésimo clima de negocios ha derivado en la escasez de productos como la leche, el arroz, los huevos y otros alimentos. Como muestra, se cuenta que la embajada brasileña en esta capital viene repitiendo un curioso pedido que llega por valija diplomática: 50 kilogramos de arroz mensuales para asegurar el abastecimiento de sus diplomáticos y su personal. Para diciembre, los nuevos pedidos incluyen leche, azúcar y aceite, cuya ausencia en las góndolas se puede comprobar con una simple recorrida.

  • El mencionado mal clima de negocios y el acoso a los empresarios españoles se tradujo en un reciente anuncio de la cadena de ropa Zara, que decidió vender sus 21 locales en el país. A partir de la concreción de la iniciativa, que, curiosamente, coincide con un boom de consumo debido al auge petrolero, la marca será explotada en forma de franquicias, sin compromiso directo de los españoles. En los últimos meses, decenas de miles de españoles a f i n c a d o s desde hacía mucho tiempo en Venezuela regresaron a su país, hartos de la retórica agresiva y las amenazas veladas del gobierno.

  • El resultado del referendo constitucional se trató ayer obsesivamente en la prensa caraqueña, pero ya se empieza a colar una curiosidad maliciosa ante el desafío que enfrentará Hugo Chávez el 10 de diciembre en Buenos Aires, cuando concurra a la asunción de Cristina de Kirchner. Es que allí coincidirá con el príncipe Felipe de Borbón, heredero de la Corona española, quien seguramente no le prodigará gestos amistosos habida cuenta del enfrentamiento, con el recordado «¿por qué no te callas?» incluido, que enfrentó a su padre, el rey Juan Carlos, con el venezolano. Otra presencia molesta para el bolivariano será la de Alvaro Uribe, a quien insultó severamente tras la cancelación decidida por éste de su mediación ante las FARC y a quien evitó el fin de semana último al no viajar a Quito para presenciar la inauguración de la Asamblea Constituyente de su aliado Rafael Correa. Pero Chávez no será el único observado, ya que la protagonista -se supone-será la señora Cristina.
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