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• Los presidentes de Cuba y Venezuela, Fidel Castro y Hugo Chávez (foto), fueron las «estrellas» entre los invitados a la ceremonia de asunción de Lula. Ambos atrajeron a centenares de simpatizantes e hicieron reiteradamente una «L» con sus dedos pulgar e índice, sumándose al gesto popularizado por los seguidores del líder del Partido de los Trabajadores. En un gesto que seguramente no agradará a EE.UU., Castro almorzará hoy con el nuevo presidente brasileño y uno de los temas del encuentro será la ampliación de las relaciones bilaterales. Chávez, por su parte, se mostró muy accesible y en la puerta del hotel en el que está alojado firmó autógrafos y repartió besos y abrazos a los miembros del movimiento de campesinos Sin Tierra y de otras organizaciones sociales.

El flamante presidente brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, recibió ayer la banda presidencial de su predecesor Fernando Henrique Cardoso, a quien se le cayeron los anteojos durante la emotiva ceremonia. Esta fue la primera vez en 41 años que un presidente demo-cráticamente electo entrega al final de su mandato la banda presidencial a su sucesor en Brasil.

• Antes de que Lula aludiera en su discurso de asunción al proteccionismo de los países industrializados -una oblicua referencia a la dureza con la que piensa negociar el ALCA-el enviado de George W. Bush, el representante comercial norteamericano, Robert Zoellick, se manifestó optimista sobre el futuro de Brasil. «Queremos trabajar con nuestros amigos en Brasil para que la nueva administración sea un éxito», dijo.

El nuevo mandatario realizará «una ruta de la pobreza» con parte de sus ministros los próximos días 10 y 11. Según el futuro jefe de gabinete, Gilberto Carvalho, el viaje se iniciará en la ciudad del semiárido Sao Raimundo Nonato, en el estado nordestino de Piauí. Aunque la agenda definitiva del viaje debe ser aún ultimada, Lula llevará también a sus ministros por los estados de Paraíba y Recife, antes de concluir en el Vale do Jequitinhonha, uno de los símbolos de la pobreza brasileña en el norte de Mato Grosso. Este viaje es una promesa realizada por el presidente electo, que el 1 de enero asume su cargo, durante la campaña electoral. Lula aseguró entonces que sus ministros visitarían las regiones más pobres del país, situadas en particular en su nordeste natal, para «ver de cerca la miseria y saber que detrás de cada estadística existe siempre una vida humana».

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