19 de agosto 2004 - 00:00

Buena idea: ver a Brasil costaba un arma

Se jugó ayer en Puerto Príncipe un partido entre las selecciones de Haití y de Brasil, con todas sus estrellas, Ronaldo incluido. Lula da Silva propuso que los asistentes entregaran un arma a cambio de la entrada. Una idea que no se concretó por motivos de seguridad.

Buena idea: ver a Brasil costaba un arma
Puerto Príncipe (EFE, ASN, AFP) - Fue un partido de fútbol amistoso ideado por Lula da Silva como parte de su estrategia para ganar liderazgo en la región, pero los jugadores brasileños, acostumbrados a ganar como sea, no perdonaron a su débil adversario. La selección de fútbol «verde-amarela» propinó un 6 a 0 al seleccionado de Haití, en el «Partido por la Paz» que se celebró ayer en Puerto Príncipe.

Lula
había imaginado un partido en el que unos 20.000 aficionados canjearían sus armas por entradas, pero finalmente prevaleció la prudencia y se desechó el intercambio para no llevar a cabo semejante congregación de hombres armados en el estadio Silvyo Cator. No obstante, Haití se impregnó ayer de pasión por Brasil cuando, antes del encuentro, Ronaldinho, Ronaldo, Roger y Roberto Carlos, entre otras estrellas, se dieron un baño de multitudes en los barrios más empobrecidos de la capital del país caribeño.

La pasión de Lula para mostrar un Brasil a la vanguardia de las causas del continente americano llegó a contagiar a los jugadores, habitualmente poco orientados a misiones que excedan el mundo de la pelota, al punto de que algunos enrolados en equipos europeos que no fueron autorizados a viajar por sus clubes amenazaron con abandonar las respectivas concentraciones. Un llamado a la reflexión del propio mandatario brasileño impidió tal extremo.

El encuentro se desarrolló en medio de un impresionante dispositivo de seguridad a cargo de fuerzas policiales y militares de la ONU, y de un caos organizativo insuperable. La jornada futbolística sirvió a la agresiva Cancillería de Brasilia para dar una demostración más de su liderazgo continental. Otros gobiernos, en cambio, parecen indefectiblemente atados a hacer seguidismo de Hugo Chávez.

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