Bush y Kerry calculan costos de un "ataque electoral" de Al-Qaeda
-
Elecciones en Perú: candidatos de derecha se consolidan en la cima de las encuestas
-
Trump, advirtió a Irán: "El país entero podría ser destruido en una noche y esa noche podría ser este martes"
El presidente George W. Bush mira ayer desde el micro que encabeza una gigantesca caravana electoral por diversos estados para los comicios de noviembre.
Su asesora de seguridad nacional, Condoleezza Rice, habla de «charlas» sobre un ataque contra Estados Unidos que los terroristas esperarían que influyera en la elección.
«El mensaje que los terroristas aprendieron en Madrid es que los ataques pueden cambiar las elecciones y las políticas», dijo un alto funcionario gubernamental, al hablar sobre la decisión del nuevo gobierno español de retirar sus tropas de Irak, exactamente el objetivo que algunos creen tenían en mente los terroristas. «Es un precedente muy peligroso.»
Colaboradores políticos de Bush -sólo tras bastidores, porque nadie analiza el terrorismo abiertamente-argumentan que cuanto más enloquece el mundo, más beneficia a la campa-ña: ahora más que nunca, el país necesita un presidente que haya actuado firmemente con el terrorismo. Un escenario que empeore en Irak, creen, tiene el mismo resultado. Quizá sea un giro previo al desastre, pero muchos demócratas dicen en privado que coinciden con esa teoría.
Hasta ahora, los signos son contradictorios. El índice de aprobación de Bush pareció mejorar un poco aun cuando las bajas en Irak empeoraron en abril. Pero luego una encuesta de «The NewYork Times» y CBS News, divulgado la semana pasada, sugirió que Bush finalmente estaba pagando un precio entre los votantes.
Un sondeo altamente poco científico de esas conversaciones reveló algunos hilos comunes de lógica entre los asesores de Bush y Kerry. Pocos dudan de que un ataque unirá al país detrás del presidente, como sucedió después del 11 de setiembre.
Pero el efecto podría ser mucho más breve esta vez, especulan muchos, porque el efecto del impacto habría desaparecido, y porque esta vez se supone que las defensas estadounidenses son mejores. De manera que en un mes más o menos, continúa el pensamiento, el horror daría paso al análisis sobre si los miles de millones de dólares invertidos en seguridad fueron bien gastados, y si Bush se interpretó las amenazas correctamente. Una cosa fue no comprender las advertencias previas al 11 de setiembre. Otra sería comprenderlas mal ahora.
Los ataques inevitables, continúa la teoría, podrían tener efecto político limitado. Los atentados suicidas en un centro comercial o en un tren, estilo los de Madrid, podrían caer en esta categoría. Pero un ataque más espectacular provocaría llamados inmediatos para realizar investigaciones sobre si el gobierno hizo muy poco mientras se abocaba a Irak.
Los terroristas, creen algunos, podrían tratar de emprender un ataque que pudiera ser creíblemente descripto como resultado de la guerra de Irak, en vez de una repetición del del 11 de setiembre. Eso lo convertiría en la prueba A del argumento anti-Bush de que Irak ha hecho a los estadounidenses más vulnerables.
Pero al menos un destacado asesor de Kerry teme lo contrario: que Al-Qaeda quiera que Bush sea reelegido porque es «la mejor propaganda que tienen para el reclutamiento».
Los colaboradores de Kerry podrían estar atentos a la lección aprendida por otro senador de Massachusetts, en sus primeros meses como presidente. John F. Kennedy se desesperó después del fiasco de Bahía de Cochinos, convencido de que la fallida misión para derrocar a Fidel Castro lo hacía parecer débil ante la amenaza comunista justo frente a las costas de Estados Unidos. Luego, sus cifras en los sondeos se elevaron. «Es como Ike», exclamó, dice un relato en el libro de Richard Reeves, «President Kennedy: Profile of Power» («Presidente Kennedy: perfil del poder»). «Cuanto peor actúe uno, más les gusta».




Dejá tu comentario