31 de octubre 2007 - 00:00

Chad: caramelos para sacar a los niños de sus hogares

Abeché, Chad - Los europeos ofrecieron caramelos y galletas a los niños africanos, agrupados en el este de Chad, para que se animaran a dejar sus hogares, según los relatos de los propios chicos.

Algunos niños porfían en que sus padres están vivos y que habían sido trasladados desde aldeas situadas en la frontera con Sudán. «Mis padres se habían marchado a trabajar al campo. Mientras jugábamos, llegaron varios chadianos y nos dijeron que traían caramelos y que los siguiéramos hasta Idre y que luego nos llevarían a casa. Nos llevaron al hospital de Adre», asegura un niño que responde al nombre de Osman. Adre es una localidad en la frontera entre Sudán y Chad.

«Pasamos siete días en Adre y he pasado aquí en Abeché más de un mes. Todos hemos sido bien alimentados por los blancos, siempre hay comida, pero me gustaría regresar para reencontrarme con mis padres», dice Osman a los periodistas en el orfanato de Abeché, donde los niños han sido atendidos por personal local e internacional. Los pequeños estaban siendo interrogados por trabajadores sociales de ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, así como de Unicef y del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Mariam, que tiene 10 años y está con una hermana pequeña, reconoce que su madre falleció, pero no así su padre. «Vino un coche con dos blancos y un negro que hablaba árabe. El conductor dijo 'vení conmigo. Te daré dinero y galletas y luego te llevaré a casa'. Nos llevaron a la casa de la gente blanca y nos dieron medicinas: pequeñas pastillas blancas. No estaba enferma. A todos los niños les dieron pastillas. Nos dijeron que no podríamos volver a casa».

  • Promesa

  • Hamsa Brahim, que también tiene 10 años, afirma que dejó la aldea de Adikoum, cercana a Adre, con el permiso de su padre, después de que le prometieran que recibiría una buena educación. «Llegaron los blancos y dijeron que nos anotarían en la escuela... Vinieron cuatro veces a llevarse niños de nuestro pueblo...»

    «La mayoría tiene entre tres y seis años. Es muy difícil preguntar a un niño de tres años cómo se llama y de dónde viene», explica Annette Rehrl, portavoz de ACNUR. «Además, hay niños que ya han cambiado de nombre y de historia», prosigue.

    Sobre las esteras del orfanato, incluso en el suelo, decenas de niños se agrupan ante la llegada de visitantes diplomáticos. Asustados por el ruido de los observadores, las criaturas más pequeñas no dejan de sollozar sin consuelo. Una vez que se marcha la delegación, cesan los llantos y la vida retoma su curso. Los mayores juegan en el patio mientras que las mamás de los servicios sociales chadianos eligen a los más desatendidos.

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar