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La educación occidental que recibió fue asimilada y compartida con las costumbres de su país: en 1987 se casó con Asif Zardari, en un matrimonio acordado por ambas familias. «A un matrimonio arreglado se acude con pocas expectativas, y esto, en cierta medida, hace más fácil la convivencia», razonaba Bhutto sobre su casamiento.
La muerte del general Zia en un accidente de avión en agosto de 1988 y la celebración de elecciones la catapultaron al poder el 2 de diciembre de ese año, pero el 6 de agosto de 1990 el presidente Ishaq Khan la destituyó acusándola de abuso de poder, nepotismo y corrupción, disolvió la Asamblea y convocó nuevos comicios.
Bhutto recordaba aquellos momentos con las siguientes palabras: «Mi carácter es muy luchador, cuando más dificultades tengo, más ganas de vencer me nacen. Cuando me arrinconan contra la pared, más puedo luchar». Volvió al poder en octubre de 1993, pero en tres años fue de nuevo destituida por corrupción, mala gestión económica y por la muerte extrajudicial de detenidos.
La líder de los pobres paquistaníes, como se la ha descrito en ocasiones, optó entonces por abandonar Pakistán para un «exilio voluntario» que sólo acabó en octubre último, tras casi nueve años, después de garantizarse una amnistía del presidente Pervez Musharraf. Dejó atrás a su marido, conocido por los paquistaníes como el «señor 10%» por las comisiones que cobraba para facilitar contratos públicos, quien pasó varios años en la cárcel antes de unirse a ella en el exilio en 2004.
Aunque Benazir fue condenada en Pakistán, en 1999 y 2001, por corrupción y evasión de la Justicia, las sentencias fueron anuladas por tribunales superiores. Este año aún seguían abiertos varios procesos contra los Bhutto por corrupción, cuyo cierre ordenó Musharraf.
Pese a repudiar la dictadura de Musharraf durante estos años, en que siguió presidiendo el PPP, la principal fuerza de oposición en el Parlamento, desde el exilio en Dubai y Londres, Benazir terminó negociando con el presidente y jefe del Ejército paquistaní. Su acuerdo de reparto de poderes con Musharraf, el que fuera su enemigo, defraudó a muchos en Pakistán, que concibieron como una traición que pactara con los militares que acabaron con el gobierno y la vida de su padre. Este pacto dio alas a quienes la habían acusado de oportunista con sed de poder.
Incluso miembros de su familia han lamentado en privado la actitud de Benazir, a la que han criticado por su testarudez e incapacidad para seguir los consejos de quienes conocen el Pakistán de hoy, pese a los muchos años, 19, que ella vivió en el extranjero. Tras su regreso, prometió devolver Pakistán a la democracia y no ocultó su intención de convertirse en primera ministra por tercera vez, tras las elecciones generales de enero de 2008, aunque para ello hiciera falta una enmienda a la Constitución supuestamente incluida en el pacto con Musharraf.
La ex primera ministra, asesinada ayer, era madre de tres hijos: un varón, al que llamó Bilawal (1988), y dos féminas, Bajtawar (1990) y Asafa (nacida en Londres en 1996).




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