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«No creo que el voto evangélico de Garotinho vaya con el PT, ni que tampoco lo hagan los disidentes del gobierno que en el primer turno votaron por Ciro Gomes», dijo Martin que, de todos modos, cree que «finalmente ganará Lula, pero no será un paseo».
Serra, por su parte, advirtió ya en la madrugada del lunes: «Ahora comenzamos una nueva etapa. Es una nueva elección. Serán 21 días para debatir sobre Brasil y mostrar cómo pueden ser resueltos los problemas».
Pero muchos analistas no coinciden en que el 27 se realizará una nueva elección. «El segundo turno es una continuidad del primero», afirmó Octavio Amorim Neto, de la Universidad de Rio de Janeiro. «El 80% de los votos del domingo fue opositor», agregó Amorim Neto. «Más allá de matices, la gran parte debería ir con Lula», agregó.
Uno de los ejes de la estrategia de Serra para el ballottage será darle un mayor protagonismo a Cardoso, quien hasta la primera vuelta sólo apareció en dos de los programas televisivos de su candidato. La idea, dijeron voceros de la campaña de Serra, es colocar a los electores ante la opción de «continuar con las grandes transformaciones a partir de lo hecho en el gobierno Cardoso, o volver para atrás».
La campaña oficialista buscará ahora recuperar los votos del Partido del Frente Liberal (PFL), que después de ocho años en el gobierno de Cardoso se alejó en marzo, acusando a Serra de haber hundido la candidatura de Roseana Sarney para imponer la propia. También irán detrás del Partido Laborista Brasileño (PTB), que respaldó a Gomes, y de los «rebeldes» del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que formalmente apoyó a Serra pero que tuvo muchos líderes regionales alineados con Lula.



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