Llama la atención que en tiempos de controles de seguridad obsesivos una militante contra la guerra, Desiree Farooz, haya podido amedrentar dentro del Congreso de EE.UU. a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice. Con sus manos pintadas de rojo sangre, la mujer le gritó en la cara a la funcionaria « criminal de guerra, la sangre de millones de iraquíes está en sus manos». Rice la miró con disgusto, pero sin temor.
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