El príncipe Alberto II (en la foto junto a su hermana Stephanie), ascendió ayer solemnemente al trono de Mónaco y expresó su deseo de que su país sea «una sociedad modelo y un modelo de sociedad». A la vez, prometió a los súbditos congregados en la plaza del palacio que su principado estará marcado por la «ética», la apertura al mundo y la modernidad. En un discurso de 25 minutos, Alberto manifestó su determinación de hacer que Mónaco sea «a su manera una gran potencia», y recordó las palabras de su padre, Rainiero III, que decía que «no hace falta ser un gran país para tener grandes sueños».
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